Desde Concepción, un 1° de mayo soleado y diverso

Alrededor de 2000 a 3000 personas confluyeron en la Plaza de la Independencia de Concepción para conmemorar el Día del Trabajador y la Trabajadora. Un primaveral día de otoño otorgó el marco adecuado para la expresión de diversos gremios, sindicatos y organizaciones de distinta índole (estudiantes, culturales, comunitarias, etc.) en torno a sus legítimas reivindicaciones. Es el segundo 1° de mayo bajo un gobierno de derecha luego de un intervalo de casi veinte años, y aunque el ambiente era casi festivo se podía intuir una carga de desaliento.
A partir de las diez de la mañana comenzaron a reunirse algunas organizaciones sindicales y políticas en el sector de lo que fue la Vega Monumental, en Lorenzo Arenas, Concepción; unas ochocientas a mil personas, las que posteriormente marcharon, fuertemente custodiadas por carabineros, hasta el centro de la ciudad. Algo similar ocurrió –aunque en menor número- en la Plaza Perú (frente a la Universidad de Concepción).
En rigor, la instauración del 1° de mayo como el día del trabajo es un homenaje a los mártires de Chicago, Auguste Spies, Adolf Fischer, Georges Engel, Albert Parsons, Michael Schwab, Louis Lingg, Samuel Fielden y Oscar Neebe; en efecto, la Federación Norteamericana del Trabajo llamó a una huelga general para el 1° de mayo de 1886 reivindicando la jornada laboral de ocho horas. Distintas escaramuzas a partir de ese día y en lo sucesivo dejaron un triste saldo de 38 muertos y 115 heridos, entre los muertos un oficial de policía: A partir de allí, con gran despliegue de fuerzas y “descubrimientos de supuestos arsenales” (por entonces no había posters de Axl Rose), fueron detenidos estos dirigentes, los cuatro primeros condenados a muerte, la pena se cumplio el 11 de noviembre de 1887.
El 1° de mayo, entonces, es recuerdo y lucha por la dignidad del trabajo y el trabajador y debiera ser conciencia unitaria y propuesta política que tenga por centro las legítimas reivindicaciones laborales. Algo de esto pudo atisbarse por momentos, pero también pudimos observar, por momentos, muestras de sectarismo. En un contexto de este tipo, los llamados a la unidad dejan de ser ejercicios retóricos y debieran transformarse en imperativos político-éticos. Ciertamente cada sector laboral tiene reivindicaciones específicas y legítimas, pero ellas sólo podrán hacerse fuertes en la medida en que se inserten en el más amplio marco de lo que alguna vez se llamó Movimiento Obrero.
Así y todo, el importante número de organizaciones de trabajadores y trabajadoras (portuarios, metalúrgicos, de la salud, educación, del petróleo y la pesca, etc.), además de las políticas y sociales, permite abrigar esperanzas. El llamado del Presidente Regional de la CUT, Alex Iturra, a la concreción de una Agenda Laboral y el rechazo a la pretensión empresarial (ya convertida en mantra) de la flexibilidad laboral, concepto que encierra nuevas formas de explotación, fueron los ejes de un discurso breve (lo que siempre se agradece) pero que también incluyó la denuncia y crítica de las palabras del recién asumido Intendente Víctor Lobos, en orden a que no habrá en el corto plazo solución definitiva para los damnificados por el terremoto y maremoto del 27F de 2010. Es decir un discuros reivindicativo y solidario, contingente y atingente en un segundo año de gobierno derechista; esperamos que sólo queden dos más.
Ah, la iglesia católica celebró a San José Obrero, hubo misa en la catedral de Concepción, luego llegará Chomalí como Arzobispo… Dejémoslo ahí, no caigamos en la desesperanza total…

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