Desde Arauco: Lucha por los Lugares Sagrados del Pueblo Mapuche

img_2135El cerro Colo-Colo es parte indisoluble de la geografía y el paisaje araucano, pero en realidad es mucho más que eso, es un Treng-Treng y un Treng-Treng es un sitio sagrado Mapuche asociado al relato del origen, es un lugar de salvación y rogativas. El cerro Colo-Colo es esto desde tiempos inmemoriales, lo atestiguan los conchales (los conchales se formaron a partir de los desechos alimenticios y artefactuales que eran arrojados junto a las habitaciones en zonas costeras, producto de la explotación de recursos litorales y terrestres próximos a la costa) cuya evidencia en el cerro es obvia y documentada por los propios miembros de la Comunidad Chilkoko, ya que no se ha percibido interés académico o investigativo y menos aún de las autoridades.

El que hoy el cerro sea Monumento Nacional es producto de una ardua y larga lucha dada por esta Comunidad, lucha permanente por mantener su carácter sagrado y manteniendo la centralidad ritual en cada fecha significativa para los Mapuches, es decdir, el Cerro Colo-Colo no es un espacio decorativo y osificado, es un lugar dinámico y en frecuente uso ritual profundo, sin exotismo, sino con profundo respeto. Aparte de los conchales, en el cerro era abundante la presencia de restos de alfarería, también se descubrió la presencia de algunas tumbas, las cuales por su particular ubicación llevan a creer que corresponden a personajes importantes del devenir histórico Mapuche.

El terremoto del 27 de febrero provocó algunas fisuras en la ladera norte del cerro, situación que, investigada por el Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minas), llevó a este organismo a recomendar la tala de algunos árboles que representaban un peligro para quienes habitaban en las laderas del cerro; hasta aquí nada que objetar, sólo que haciendo una particular he interesada lectura, la Municipalidad de Arauco contrató los servicios de una empresa para llevar a cabo las faenas recomendadas por Sernageomín, desde aquí las cosas comienzan a tomar un rumbo nefasto y nebuloso. Nefasto porque dicha empresa, con absoluto descriterio (si no queremos ser mal pensados) comenzó esta labor arrasando árboles que no ofrecían peligro alguno; nebuloso porque sin respetar el carácter sagrado del lugar y sin plan de manejo llevaron a cabo una tala indiscriminada (y, ahora sí somos mal pensados) sin consultar a nadie acerca de las acciones emprendidas y sin comunicar el destino de los árboles talados. Una total falta de respeto e ignorancia, cuando no mala fe, se unieron para, literalmente arrasar con los conchales y los restos arqueológicos y antropológicos que allí pervivían.

La Comunidad Chilkoko nuevamente se movilizó para sensibilizar a la población, convocaron a medios de comunicación (comunitarios, ciudadanos y comerciales) para dar ha conocer esta situación y llegaron hasta la intendencia regional, para pedir explicaciones y protestar por esta situación. Fueron escuchados y una “Delegada Territorial” (la Señorita Lucya Hernández) de la intendencia, se apersono en el lugar para constatar los hechos; frente a la abrumadora evidencia la Señorita Hernández les dio la razón a las quejas de la Comunidad, si bien es cierto las faenas estaban paralizadas al momento de esta visita (el día martes 20 de julio), creemos que más por la repercusión que la denuncia tuvo y menos –mucho menos- por una actitud “filantrópica” de la empresa a cargo de estos “trabajos”, la Delegada se comprometió a que estas labores no se reiniciarían hasta que se investigara la situación en una comisión de la cual formarían parte miembros de la Comunidad Chilkoko.

Un avance sin duda, pero en el contexto de la permanente represión al Pueblo Mapuche por parte del estado chileno, de la huelga de hambre en que se encuentran presos políticos Mapuches y de los procesos por ley antiterrorista que muchos comuneros enfrentan hoy, no podemos sino ser mal pensados; más allá de las buenas intenciones que probablemente tenga la Srta. Hernández, hechos como este, del Cerro Colo-Colo y sus espacios rituales, sagrados y de conservación arqueológica y antropológica, muestran –una vez más- el desprecio por el Pueblo Mapuche y un interés por minar sus rasgos identitarios que sólo se explican como una estrategia de invisibilizar a los Mapuches, denostar sus reivindicaciones –justas- y reprimir sus luchas. Sin embargo, y para lamento de los poderosos, la defensa de su patrimonio –material e inmaterial- que Comunidades como la de Chilkoko llevan adelante seguirá impidiendo que los dueños de la ley, lo sean también de la historia.

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