Democratizar la televisión: un trabajo que la digitalización no puede hacer sola

Por Arelis Uribe, El Ciudadano

La llegada de la Televisión Digital a Chile abre puertas como la ampliación de canales en la señal abierta y la coyuntura para discutir una ley de televisión que data de la dictadura, todo esto en la búsqueda de la democracia y la pluralización de la pantalla chica.

La posibilidad de tener más canales de señal abierta con la llegada de la Televisión Digital, muchas veces, es vista como la respuesta y solución a un montón de promesas sobre pluralismo, calidad y diversidad en la televisión abierta. Sin embargo, en sí misma y por sí sola, es difícil que cumpla con las expectativas, ya que su implementación deberá acompañarse de una legislación que permita la inclusión de nuevos actores y la distribución del espectro radioeléctrico, así como propuestas de financiamiento para los canales comunitarios y para la elaboración de contenidos variados, si es que se quiere avanzar hacia la democratización de este medio.

Y es que el nivel de impacto de la televisión en la sociedad es innegable, de ahí la importancia sobre su legislación. Según la encuesta Nacional de TV 2008 [1], el 98% de los chilenos tiene acceso a la televisión abierta, a través de, mínimo, dos televisores por casa. De ellos, el 76% afirma que todos los días ve tele al menos dos horas.

Además, no es menor que el 75% se informa a través de la TV, es decir, ésta es su ventana hacia la realidad. El problema al respecto es la alta concentración del medio, no sólo en aspectos de oligopolios empresariales, sino a nivel de contenidos. De ahí que Vicente Parrini, periodista del Observatorio de Medios Fucatel, haya exhortado en una columna en Le Monde Diplomatique a la urgencia de “una ley decente que proteja a los sectores más pobres y mayoritarios del país que dependen exclusivamente de la TV abierta”.

LA COYUNTURA DE UNA OPORTUNIDAD

La llegada de la digitalización es, finalmente, una oportunidad para replantearse el modelo de televisión abierta, sus gestores, dueños, y formas de llegar a la sociedad y cómo la sociedad se relaciona con ella. Por ello, entidades como la Asociación Mundial de Radios Comunitarias ha propuesto dividir el espectro radioeléctrico según prestación de servicios, tal como lo hizo Argentina en su nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

“El marco regulatorio debe explicitar el reconocimiento de tres diferentes sectores o modalidades de radiodifusión: público, comercial y social/sin fines de lucro”. Y a partir de ello dividir equitativamente el espectro radioeléctrico, es decir, que el Estado, los privados y los canales comunitarios sin fines de lucro se dividan y hagan uso, todos por igual, de las nuevas señales”.

CANALES COMUNITARIOS: LOS ETERNOS OLVIDADOS

Asimismo, la implementación de la digitalización abre una coyuntura especial: el momento idóneo para discutir una ley de televisión que data de la dictadura y que nunca ha dado reconocimiento a los canales comunitarios. Históricamente, la televisión abierta ha sido un oligopolio tutelado, en sus primeros años, por las universidades y el Estado y luego -gracias a la dictadura- abierto al sector privado, sus actuales protagonistas: Grupo Luksic en Canal 13, Time Warner en Chilevisión, Copesa en Canal 22 y Claro en Mega, entre otros.

De los canales comunitarios ni hablar, y aunque no tienen cabida en la legislación, existen hace más de veinte años en el país, comandados por los emblemáticos pobladores de La Victoria. Existen decenas en todo Chile, son señales “piratas”, operadas por los propios vecinos o cercanos de un territorio, población o comunidad. No tienen fines de lucro, sino fines sociales. Han sido olvidados en las aulas de las universidades, donde a los futuros periodistas sólo se les enseña sobre los canales establecidos, han sido olvidados por la historia, por entidades como en Consejo Nacional de Televisión y por la propia Teoría de la Comunicación.

Cristian Cabalín, académico de la Universidad de Chile, reivindica su urgencia y necesidad. Primero, porque democratizan el acceso a la producción simbólica de los medios, que hoy está monopolizada por los canales de señal abierta nacional. También destaca la importancia de que los propios pobladores creen imágenes de sí mismos para verse en la pantalla, para contar otras historias en donde no todo es droga, delincuencia y estigmatización.

“La comunidad tiene ciertas características, pertenece a un territorio, comparten intereses y se movilizan por ciertos valores. El canal comunitario es una plataforma, no necesariamente militante, en la que mediante la participación en la generación y producción de contenidos, se contribuye a la construcción de la identidad y la memoria colectiva de una comunidad”.

SE SUBEN A LA MICRO O SE QUEDAN ABAJO

Para gestores de televisoras comunitarias, la TDT se presenta como una oportunidad clave e incluso como una fecha de vencimiento. Puede que, con legislación, financiamiento y profesionalización, los canales comunitarios salten a la digitalización y entren a competir de igual a igual con los canales tradicionales de señal abierta.

Pero también existe el peligro de su desaparición, al menos en el formato análogo vigente. Lo que implica la renovación tecnológica para sumarse al cambio de la Televisión Digital, buscar formas de financiamiento para su sustentabilidad económica, nuevas dinámicas de gestión y también capacitación, para la creación de contenidos de calidad y la gestión de canales que probablemente se complejicen.

Como sea, Luis “Polo” Lillo, cabecilla de la Señal 3 de La Victoria, ya anunció cómo se viene la lucha, en su discurso en el Congreso sobre TDT celebrado en Valparaíso en agosto de este año. “Citando el lema del escudo: vamos a entrar a la televisión digital como hemos estado en la televisión análoga hasta ahora: por la razón o la fuerza”.

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