Delegada presidencial: “No sabemos cuántos damnificados dejó el terremoto del 27 de febrero”

delegadaEn el marco del ReConversatorio para revisar el diagnóstico de la reconstrucción post terremoto del 27 de febrero de 2010, la delegada presidencial para este proceso, Paula Forttes entregó detalles de este informe, con reveladores antecedentes que permiten, en primer término, sostener que pese a todas las cifras que se han entregado, no es posible a la fecha saber con certeza cuántos damnificados dejó esta catástrofe que afectó a la zona centro sur del país.

Fue una instancia especial la que generó el Centro de Acción Social Biobio Proyecta, al hacer confluir en este ReConversatorio a las autoridades de gobierno, representadas por la delegada Forttes y el intendente Rodrigo Díaz, a representantes de organizaciones sociales y ciudadanas como la Red Construyamos, a representantes de los sectores afectados y a especialistas para conversar sobre los desafíos que deja este proceso y lo que aún falta por avanzar.

Pero lo que más concitó la atención fue la presentación que hizo Paula Forttes de los principales resultados del Diagnóstico del Estado de la reconstrucción post terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010”, documento de 300 páginas, que intentó resumir en una presentación de más de una hora.

Tras explicar el sentido del diagnóstico y la metodología empleada, Forttes se centró en comentar los registros que se hicieron sobre los damnificados, dando ejemplos de cifras dispares entre distintos instrumentos, lo que finalmente da pie para llegar a una conclusión bastante lapidaria: “Los registros existentes hoy no permiten saber con exactitud cuántos damnificados tuvo nuestro país en definitiva el 27 de febrero, tampoco caracterizarlos y muy probablemente nunca lo sabremos”.

En la revisión de los antecedentes, dijo, se encontraron inconsistencias estadísticas, información incompleta, estándares de medición diferentes, falta de actualización… Junto con ello, explicó que en la confección de los registros se optó por un modelo donde el damnificado tenía que acceder al registro, se generaba de acuerdo a la pro actividad de la persona afectada que era quien debía hacer el trámite. “Esto es complejo porque no se puede esperar que el victimizado haga esta tarea porque además los más vulnerables son los que nunca se enteran, y se puede establecer que hubo mucha gente que nunca ingresó a los registros porque nunca se enteró”, precisó Forttes.

Y agregó: “Cuando miramos la situación de las personas, esto trasciende el proceso de reconstrucción porque estos desastres ponen de manifiesto las debilidades de los territorios. Es algo previo al desastre, no tener planificación, no contar con mapas de riesgo, pero también ponen en evidencia las debilidades institucionales. Y es por eso que parte de este diagnóstico mira desde las personas para poder proponer las acciones”.

Dentro del diagnóstico se quiso saber qué había pasado con grupos específicos, es así como se miró a los adultos mayores, a los discapacitados, a las mujeres y a los niños. También en estos casos hubo resultados sorprendentes, relató Forttes.

Así por ejemplo, del total de fallecidos, el 40% son personas mayores. Pero para ellas no se cuenta con ninguna política gubernamental de abordaje. Tampoco hay datos oficiales que den cuenta de sus necesidades, en circunstancias que el 74% de los adultos mayores vivía en la zona de desastre. El Senama no tenía registro de los mayores afectados.

Algo similar pasó con los discapacitados. Del total de las personas con discapacidad en el país, el 80 por ciento estaba en la zona de desastre, pero tampoco hubo compromisos sectoriales para ellos. El Senadis tampoco tiene catastros de personas afectadas por la emergencia ni hubo acciones específicas para ellos.

Otro tanto ocurrió con las mujeres, que fueron el rostro de la reconstrucción. En su caso, el terremoto agudizó las desigualdades. Según los antecedentes entregados por Paula Fortes, por cada hombre que dejó de buscar empleo, 4 mujeres dejaron de hacerlo, se interrumpieron las trayectorias laborales o dejaron de estudiar para cumplir el rol de cuidado de los hijos y las familias. Asimismo, más del 80 por ciento de las oportunidades de empleo se otorgaron a hombres.

Y respecto de lo ocurrido con los niños, la información es más escasa aún o nula. No hay registro sobre la dimensión del daño y las consecuencias del desastre en los niños, ni tampoco sobre el estado de la salud mental de ellos.

Para la delegada presidencial el problema presupuestario que se genera para terminar el proceso de reconstrucción es un aspecto, pero también lo es la necesaria adecuación institucional, pues en el país no existe una “institucionalidad que maneje el riesgo, la emergencia, la reconstrucción, y también adolecemos culturalmente que entender que el quehacer público debe poner como eje al ser humano, la fuerza de un proceso de reconstrucción hay que buscarla en cada ser humano que ante el dolor es capaz de ponerse de pie. Vanos a terminar un proceso sin que haya sido una oportunidad para nuestros territorios estén mejor que antes y quizás esa es la gran tarea que le queda a este gobierno y a los que vengan por delante en materia de mirar el territorio como un espacio donde se desarrollan las articulaciones sociales. Probablemente no vamos a poder cambiar la ubicación de las familias hoy, pero sí podemos cambiar el entorno en que les tocará vivir”, concluyó.
Por M.E.V TBB
Por M.E.V

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