Debate Educación Superior: ¿Hay algún estudio que demuestre que el lucro no mejora la calidad de la educación?

Por Juan González, académico U. de Chile, miembro de OPECH

Junio 2011

¿Hay algún estudio que demuestre que el lucro no mejora la calidad de la educación? Con esa pregunta se increpaba a la bella y confundida representante universitaria, por los exaltados panelistas conservadores[1]. Exigir un estudio para probar que lo que dices no es mentira, es la muestra más clara de la estrategia de la elite para confundir al formalista movimiento social chileno. ¿Es necesario hacer un estudio para probar que la “ocurrencia” de Milton Friedman para desarticular la función de construcción de sociedad que tiene la educación, es claramente un despropósito?[2] Esta táctica retórica de los esbirros del empresariado nos confundió también el año 2006. ¿Es el lucro el problema de nuestro sistema educativo?

Hace rato sabemos que las Universidades tienen fin de lucro, igual que la mayoría de las escuelas particulares, esto ha permitido el ingreso al sistema de un sector de sostenedores/comerciantes, que sólo ha aportado una cobertura educativa de “mala calidad”. Ellos lucran, extraen ganancias sustanciosas de los aranceles de los estudiantes, esto repercute en instituciones que no hacen investigación ni extensión, contratan profesores horas, tienen malas bibliotecas, sin otro proyecto que subsistir, en el mejor de los casos, al máximo que permita la ganancia. Ofrecen los más bajos aranceles y escasos mecanismos de selección, por lo tanto terminan concentrando los estudiantes de los más bajos quintiles de ingreso que tienen bajos puntajes en la PSU. O sea, forman mano de obra barata, sin fomentar el pensamiento crítico, listas para cualquier empleo, ya que está brutalmente endeudada por sus estudios.

Estas instituciones comerciantes son las que “amplían el acceso”, en remplazo de las tradicionales Universidades estatales (las que antes eran la Chile en regiones y la UTE por ejemplo), tenían un proyecto de construcción de sociedad, investigaban, se vinculaban con su comunidad. Su fin nunca fue extraer ganancias, sino ser instrumento de la consolidación de una clase social culta, crítica y con vocación de construcción social. Hoy están en decadencia, debido al escaso y casi nulo financiamiento estatal, se ven obligadas a desintegrarse para competir con las Universidades “de mala calidad“, antes señaladas. Hoy, o se someten a formar mano de obra barata, o desaparecen.

Hay Universidades que no tienen fines de lucro, no están en total decadencia como las anteriores, (por ejemplo la U. de Chile o la USACH), universidades emblemáticas del Estado, que reciben mayor financiamiento estatal que otras universidades también del Estado, insuficiente de todas formas para abordar las tareas de excelencia que pesan sobre ellas. Hoy se supone que forman a parte de la clase dirigente del país, sin embargo desde su intervención por la dictadura, no recuperan a cabalidad su misión y perfil y el, cada vez menor, financiamiento estatal las tiene en permanente crisis.

La formación de la clase dirigente la asumen hoy otras universidades (privadas), que con un poderoso aparato mediático se posicionan como universidades de excelencia. Gracias a las millonarias donaciones del empresariado[3] han podido montar infraestructura de calidad, hacer alianzas con clínicas, empresas y otro tipo de inversiones, que les permiten atraer una matrícula de alto nivel socioeconómico y/o con altos puntajes en la PSU, por lo tanto también recibe AFI (aporte fiscal indirecto). Esto les permite implementar con todos los recursos necesarios, su proyecto educativo, orientado a formar una clase dirigente conservadora y libremercadista. Ejemplo de esto es la Universidad de los Andes, tristemente célebre por proponer terapias curativas de la homosexualidad y que confiesa en su misión la “vocación de difundir el amor al trabajo bien hecho y el afán de servicio, inspirándose en el espíritu del Opus Dei”.

¿Quién forma a los profesionales, investigadores y académicos de nuestra sociedad? Pregunta fundamental para que se sostenga la democracia y no una sociedad de castas. Esta es la importancia fundamental de contar con una Universidad Pública, gratuita, pluralista, democrática y vinculada a la comunidad. A quién se debe encomendar, entonces, esa tarea: ¿a los comerciantes? ¿Al Opus Dei, porque “no lucra”? ¿A cualquier grupo corporativo, empresarial o religioso?

Creemos (al igual que la mayoría de los países del mundo con los mejores niveles académicos) que es el Estado quien debe (en representación de la comunidad nacional) promover esta tarea, desvinculado de todo interés comercial y corporativo. Esto para que pueda responder a las necesidades de su pueblo (lo que señaló Andrés Bello en el acta misma de fundación de la Universidad de Chile), financiando un sistema de educación superior que no tenga ningún tipo de discriminación en el acceso, que dé un trato digno a sus trabajadores, que permita la participación de sus comunidad en la toma de decisiones y la elección de las autoridades, que oriente su investigación y proyectos al desarrollo regional y nacional, en remplazo de la lógica de mercado y competencia actual. Es decir, público.

¿Es el lucro, es el centro del debate? Claramente no, las universidades con fines de lucro se autofinancian en la medida en que mantienen márgenes de ganancia altos, esto es incompatible con un sistema nacional de educación superior gratuito, con proyecto de desarrollo, infraestructura de calidad, investigación y extensión de excelencia. ¿Quién querría ir a una universidad con fines de lucro, y por lo tanto, más cara? Muy pocos. ¿Por qué el estado debe financiar, aunque sea indirectamente, cualquier otro tipo de institución? Que surja esta pregunta es parte de la victoria ideológica del neoliberalismo. Surge ante la disolución del sentido ético político de la educación pública: aquella que por los años ‘60 y ‘70, al heterogeneizar la sociedad, logró enardecer a tal punto a la elite oligárquica, que sobre ella descargó toda su artillería económico/política y militar, eliminando todo rastro de su tarea[4], inaugurando así una sociedad de trabajadores/consumidores, a quienes les es indiferente quiénes decidan su futuro… menos pagarles para que lo hagan. No hay que hacer un estudio para saber esto.

[1] Alusión a la entrevista hecha en el programa Tolerancia Cero , del día 5 de Junio del 2011, donde Fernando Villegas increpaba a la representante estudiantil Camila Vallejo a propósito de las últimas movilizaciones de estudiantes universitarios. Ver video en http://www.chilevision.cl/home/index.php?option=com_content&task=view&id=363295&Itemid=2147

[2] Por lo demás, sí hay una serie de investigaciones que muestra como la introducción de mercado en la educación no ha mejorado los puntajes estandarizados (Bellei, Redondo, Carnoy, por nombrar sólo algunas) además de la propia OCDE, que tanto nos seduce, lo afirma, “la educación chilena está influenciada por una ideología que da una importancia indebida a los mecanismos de mercado para mejorar la enseñanza y el aprendizaje” (OCDE, 2004: 290-291).

[3] Sólo bajo el concepto de donaciones que obtuvieron beneficio tributario (las que se registran) el año 2009, la Universidad de los Andes recibió más de 3.000 millones de pesos, similar cifra recibió la Universidad Católica, mientras la Universidad del Desarrollo (que en ese momento aún era sobre el 15% de propiedad de Joaquín Lavín) recibió poco más de 1.200 millones de pesos. Estas tres Universidades encabezan el ranking de donaciones por parte del empresariado desde que se registran datos desde el año 2000, sólo la Universidad de Chile compite con ellas en montos. Otras universidades públicas ni siquiera aparecen en el listado.

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