DDHH: Una investigación pendiente

derechoshumanos1Al conmemorar un aniversario más de la muerte del presidente Allende y con él la de muchos chilenos, el gobierno anunció que reabrirá las comisiones Rettig y Valech. Ambas trabajaron en la confección de dos informes que llevan sus nombres, cuyo objetivo fue “esclarecer la verdad sobre las graves violaciones a los Derechos Humanos, cometidas en Chile entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990”.

Fijándonos, por ejemplo, en el Informe Rettig, podemos encontrar una serie de casos que son considerados, pero sobre los que no se sostiene ninguna certeza, en relación a las posibles causas por las que ocurrieron, lo que disminuye la cantidad de víctimas considerablemente.

De hecho el ministro Viera-Gallo sostuvo que no habrá gran trabajo al reabrir esta búsqueda, porque “son pocos los detenidos desaparecidos que no se han identificado”. Es cierto, pero ¿qué ocurre con aquellos que si fueron identificados pero cuyos casos se declararon sin convicción?

La esperanza parecía estar perdida. Muchos casos quedaban en el olvido. Existen, sin embargo, personas a las que les es imposible olvidar: las familias de las víctimas, es por ello que en noviembre apelarán a las comisiones y con nuevos antecedentes, esperan por fin ser reconocidos.

No olvidaremos

Una parte al final del informe, está dedicada a aquellos que no se incorporaron por falta de pruebas, contándolos las 2 mil 279 víctimas ascienden a 3 mil 400. Uno de estos casos, declarados como “sin convicción” es el de Juan Ramón Ramírez Vicker, quien murió el 5 de noviembre de 1977, a la edad de 25 años.

Según cuenta su hermana Ruth Ramírez, Juan militaba en las juventudes comunistas y posteriormente en el MIR. Murió en San Miguel junto a un compañero, producto de la explosión de una bomba en el lugar donde trabajaban: una imprenta clandestina.

“Con mi familia creemos que la comisión Rettig no investigó los antecedentes para formarse convicción, de hecho, las entrevistas que hacían las respondimos mi hermano y yo. Sólo fueron tomadas en cuenta las declaraciones de mi hermano René, por ser más pasivas que las mías”, cuenta molesta.

Aunque su hermano no sea mencionado de manera directa entre los casos, Ruth cree que la creación del informe fue buena; un aporte sin duda, pero limitado. “Es políticamente correcto, pero no es la verdad, el fin de la comisión no es establecer la verdad, moralmente eso no es correcto ya que hablamos de personas, de sus vidas y sus muertes”.

La mujer es clara en señalar que no pide reparaciones económicas, de hecho eso no bastaría para reparar nada según señala. “Hay antecedentes suficientes, en la prensa, en el informe del Instituto Médico Legal, en la Vicaría… está claro todo en relación a su militancia. Lo disfrazaron de accidente, era una imprenta clandestina, lo que les importó fue cortar la comunicación, manejar la represión”, cuenta Ruth, mientras saca de su bolso una foto y me la muestra. “Este era mi hermano”… que difícil debe ser que desaparezca de un día para otro, le digo, a lo que rápidamente responde, “él no desapareció, a él lo mataron, ¡mi hermano es un ejecutado político!, nunca lo olvides, me dice con voz clara y triste. No lo olvidaré.

No lo olvidaremos. Es fácil decirlo y sentirse más patriota por unos segundos, pero de poco sirve. ¿Un informe para recordar o un informe para reconciliar?

Como se títula el libro que escribe Ruth, y como sostienen tantas familias, cuyos esposos, padres, hermanos o tíos, jamás volverán… aquí hay “una investigación pendiente”. Investigación que será retomada con la creación del Instituto de Derechos Humanos. La mujer se muestra esperanzada en que esta vez si serán reconocidas las causas que llevaron a su hermano a la muerte. Ahora presentarán nuevas pruebas, más consistentes según señala y mediante estos antecedentes apelarán a las comisiones. Ruth se muestra confiada en que esta vez si se incorporará el caso y además dice estar conforme con la recepción de otros nuevos, ya que considera necesario estampar en un registro histórico lo que ocurrió.

Si hablamos de graves violaciones a los Derechos Humanos, es vergonzoso y triste encontrar aún pendientes. Al menos sus familias mantienen hoy la esperanza de que sean reconocidos por quienes, en pocos años, parecían haberlos olvidado.

Por Gabriela Bustos Pereira

Comparte esta información...
Share on FacebookEmail this to someonePin on PinterestDigg thisPrint this pageTweet about this on Twitter

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *