Curepto: Identidad y alegría en barro

La segunda convocatoria de “Murales de tierra en el Maule” reunió a voluntades colaboradoras desde diversas geografías, conformando una cuadrilla momentánea que durante cuatro días estucó el mural de tierra en la Escuela Pedro Antonio González, de Curepto. Con las manos abiertas a vivir una nueva experiencia, llegamos a Curepto para convivir cuatro días en una conexión profunda con las más bondadosas virtudes de la tierra. Nos sumergimos a descubrir paulatinamente sus texturas, colores, brillos y procesos de transformación, mientras pasaban los días.

En este valle se hace sentir la brisa, sobre todo en los amaneceres y atardeceres. El paisaje y las casas dejan ver angostos caminos naranjos y amarillos cerro arriba, rodeados de árboles frutales en los faldeos. Una delicada bruma acompaña las mañanas de este pueblo, donde los corredores ofrecen grata sombra cuando el sol brilla sobre los techos de teja.

En las afueras de este pueblo, golpeado por el terremoto, se juntaron los restos de las casas de barro demolidas durante la reconstrucción. Una cruz de madera demarca el hito donde fueron enterradas las casas. En ese mismo valle, las faldas del cerro albergan la escuela Pedro Antonio González. Sus estudiantes dibujaron sobre el patrimonio y costumbres locales, buscando referentes identitarios para realizar en su escuela un mural en tierra, a base de arena y agua mezcladas con arcillas de colores.

Revitalización de oficios

Mediante una convocatoria realizada previamente, se ofreció alojamiento y alimentación para personas interesadas en participar, que viniesen de otros lugares. Fue así como, además de gente de Curepto que colaboró, también llegaron desde Talca, Chillán, Panguipulli, Quilpué, Santiago, Mendoza y Buenos Aires, mujeres y hombres motivados por la experiencia colectiva del muralismo en tierra. Gracias a la alta motivación de tod@s, se logró el objetivo con éxito, disfrutando plenamente la vivencia.

El desafío era estucar un muro de 38 mts2. Las jornadas fueron tranquilas y distendidas, logrando en 3 días un objetivo trazado para 4 días, lo que permitió a los asistentes disfrutar más del entorno y conocer también a la gente de Curepto. Tuvimos una tertulia con la comunidad por medio de un grupo de amigos que promueve acciones en torno a la identidad local y el turismo cultural. Compartimos un espacio de intercambio de experiencias y visiones sobre la vida, la cultura, la identidad, el territorio y el patrimonio local.

Junto a ellos, también tuvimos el honor de conocer a Don Dionisio, último alfarero del pueblo, quien nos contó sobre los colores que encontraba cuando iba a buscar arcilla para hacer jarros y utensilios de greda, los brillos que conseguía puliendo las piezas; y sobre sus comienzos cuando colaba piezas en las horneadas de pan, para cocerlas durante su trabajo en una panadería.

Identidad (geo)gráfica

Esta experiencia viene a revivir la armonía de los colores de la tierra en un contexto (geo)gráfico, inspirado en la identidad y la cultura local. Valorando la arcilla, la materia prima, y los oficios tradicionales que llevaron la tierra a estados de preparación distintos, utilizándola para cobijar hogares y crear diversos utensilios domésticos para las familias de estos territorios.

Hacer este mural resultó ser una significativa oportunidad de enfrentar una muralla sin miedo a chocar en ella; y por el cont​​r​ario, acercarnos a ella con apertura y sensibilidad para transformar esta estructura rígida en un viaje flexible. Para que los niños y niñas que habitan cotidianamente esta escuela recuerden que la vida es una creación constante.

Diecisiete corazones unidos, nuestros aprendizajes más temprano que tarde confluyeron y se dejaron mezclar espontáneamente, como la arcilla lo hace con el agua. La tierra sabiamente nos reúne y nos convoca a permanecer juntos en una encantadora diversidad comunitaria; sintiendo como la vitalidad propia de la naturaleza nos nutre, despierta y reúne con una profunda simpleza.

Colectivo TierraMural +
Colaboraciones de Consuelo Pacheco (texto) y Bárbara Barrera (fotos)

Fuente: Tierra Mural

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