Cronica | La vasectomía de mi hermano.

Maximiliano Alarcon | Periodista Interferencia.cl

Días antes de su vasectomía, le pregunté a mi hermano si tenía alguna duda al respecto. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si se encontraba en la sala de espera con el papá de Gary Medel y este le contara de las alegrías que le ha dado su hijo?.

Pero no ocurrió así. Mientras el equipo médico preparaba todo, mi hermano miraba en la televisión del lobby de la clínica uno de esos programas que simulan problemas de la vida cotidiana. Era la historia de una madre que no quería a su hija y le decía a esta “eres lo peor que me ha pasado”. Él lo tomó como una señal. De todas formas, no tenía dudas con la decisión.

Jorge Alarcón es mi hermano mayor, tiene 37 años y un trabajo estable como ingeniero en informática. Decidió someterse a una vasectomía, que es el corte del conducto que transporta los espermatozoides desde los testículos a la próstata. En simple, un método de esterilización masculina. Ni él ni Pamela, su polola, quieren tener hijos.

Antes Pamela se llevaba la carga tomando pastillas anticonceptivas. Mi hermano, tratando de compartir la responsabilidad de la prevención, financiaba una parte de ese costo. Pero el problema que los llevó a cambiar a un método definitivo fue que las píldoras implicaban desórdenes hormonales que perjudicaban la salud de Pamela.

Todo indicaba que el que debía operarse era mi hermano Jorge. Si una mujer quiere esterilizarse, puede hacerlo legalmente con una ligadura de las trompas de Falopio, pero los riesgos son mayores. Incluso se pueden “dañar accidentalmente órganos intrabdominales”, según consigna el sitio vasectomía.cl

Para un hombre es mucho más sencillo y seguro. Un amigo urólogo le describió a mi hermano la operación como algo que es “más fácil que sacarse una muela”. Efectivamente, así fue su experiencia. En el pabellón le pusieron una mascarilla, el médico le dijo que la anestesia “era lo mismo que usaba Michael Jackson para dormir, pero al cantante se le pasó la mano”;y en no más de una hora la cirugía estaba lista. Mientras que en otra hora más el paciente ya lo habían dado de alta y se fue caminando desde la clínica hasta un bar para tomarse un whisky, con un corte de tres centímetros en el escroto.

“Después de la operación tenía hambre por todo el ayuno que hice durante el día. Psicológicamente sentí un alivio económico y también porque la Pame no tendrá que meterse más drogas en su cuerpo. Lo fome es tener que esperar una semana para tirar. El doctor en el chequeo me dijo que al volver tenía que ser con amor, porque va a estar sensible la zona”, me cuenta.

Según datos del ministerio de Salud, publicados en un artículo del extinto diario La Hora, entre 2010 y 2016 las vasectomías se triplicaron en Chile, pasando de siete mil a más de 23.000. Mientras tanto, en el mismo período, la esterilización en mujeres disminuyó de 19.000 a 13.000.

Hace algunas semanas en INTERFERENCIA publicamos la historia de una mujer que se practicó un aborto clandestino, sin medidas de seguridad para su salud. El caso de mi hermano muestra que, si un hombre no quiere tener hijos en Chile, tiene las puertas abiertas. Con acceso a un centro de salud y co-financiado por el seguro.

Pero incluso un hombre tiene que saber abrir esas puertas. Y es que en algunos recintos de salud los médicos se niegan a realizar la vasectomía. Cuando mi hermano Jorge tomó la decisión de realizarse esa intervención, cotizó primero en una clínica Integramédica, donde se encontró con ese extraño invento legal chileno que se llama “objeción de conciencia institucional”.

“Cuando hablé con el médico me preguntó por mi edad y si tenía hijos. ‘Tengo 37 y no tengo hijos’, le dije. Ahí empezó a poner caras: ‘Es que me complica operar a alguien que no tiene hijos, es por algo de ética. Quizás después se puede arrepentir’, decía. Empezó a llamar a otros doctores amigos, pero todos se negaban a realizarme la vasectomía. Y escuchaba lo que decía al teléfono: ‘Oye, ¿tú tendrías reparos con operar a alguien de 37 que no tiene hijos? … hmm… eso pensaba, yo también le dije que no’. Yo miraba al piso, no entendía cómo importaba más la opinión de alguien que no existe (mi hermano es ateo) que la mía”, dijo.

Jorge me dice que más allá del reproche que le hicieron algunos médicos, se benefició por ser hombre. Para muchas mujeres, ese reparo “ético” es definitivo. Pero para los hombres siempre hay una vuelta más. Porque, finalmente, en otro centro de salud no tuvo reparo ético o religioso alguno. Y fue en uno de esos que concretó su vasectomía.

De todos modos, a mi hermano y su polola no les falta compañía de hogar. Con ellos vive Yoko Ono… su gata de tres años.

Fuente: interferencia.cl 

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