Crónica de Ruperto Concha: Destape al TPP (podcast)

El miércoles pasado se venció el plazo para levantar el secreto en torno del Proyecto de Acuerdo Trans Pacífico de Asociación Comercial, o Tratado Trans-Pacífico, que el régimen de Barack Obama atesora como la gran realización de su gobierno. El proyecto es un mamotreto de 6.194 páginas en inglés altamente técnico, compuestas en 30 capítulos que, en gran parte, se ocupan de temas que tienen poco o nada que ver con aranceles, tarifas, importaciones y exportaciones, que se supone que es el tema del tratado.

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Supuestamente las organizaciones sociales, los sindicatos y, por supuesto, los señores parlamentarios, se las arreglarán para estudiar y analizar concienzudamente ese enorme proyecto, dentro del plazo de 90 días, al cabo de los cuales tendrán que decidir si el texto ya aprobado en el cónclave de Atlanta, Estados Unidos, será o no ratificado por el Congreso, con lo que pasaría a tener fuerza de ley.

Por supuesto aquí en Chile nuestros parlamentarios seguramente son toditos personas de elevada cultura y conocimientos serios sobre economía, sociología, política internacional y estrategia en el escenario militar del siglo 21, entre otras cosas. Además, por supuesto, todos saben muchísimo inglés y no tendrán ninguna duda en captar las sutilezas del lenguaje jurídico elaborado por los equipos de abogados de las grandes transnacionales. ¡No tenemos por qué temer que vayan a hacerlos lesos o que los empaliquen al estilo Soquimich!

De hecho, el señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile, don Heraldo Muñoz, llegó muy eufórico, anunciando que gracias al TPP nos pondremos “más modernos” y que el gobierno estima que gracias a ese Tratado nuestra economía podrá tener un crecimiento adicional de, fíjese Ud., un cero coma 8%.

Además se dio a entender que ya le parece que es seguro que el Tratado Transpacífico va a ser ratificado por los parlamentarios de Chile, Estados Unidos, y las demás 10 repúblicas involucradas.

Pero fíjese Ud. que en Estados Unidos, en Europa y en un sector creciente de la clase media culta latinoamericana, ya existe mucha información relevante, en gran medida gracias a las filtraciones informativas de Wikileaks y del equipo de Snowden,

De hecho, en estos momentos está pareciendo bastante dudoso que el Congreso de Estados Unidos vaya a ratificar ese proyecto, sobre todo en marzo o abril próximo, cuando se estará iniciando la durísima campaña electoral para elegir un nuevo parlamento federal y un sucesor a don Barack Obama.

En realidad, bajo el gobierno del presidente Barack Obama, el Partido Demócrata ha sufrido una especie de demolición. De acuerdo a los datos electorales divulgados por el columnista Rory Cooper, de Vox, durante este gobierno los demócratas han perdido más de 900 escaños en las legislaturas estaduales, 12 gobernadores demócratas han sido desplazados por sus rivales republicanos…

Y en el Congreso Nacional, en Washington, la bancada demócrata ha perdido 13 escaños en el Senado y 69 en la Cámara. Hablando claro, el gobierno de Barack Obama ha sido ruinoso para su partido, al extremo de que las dos principales posibles candidaturas presidenciales del bloque progresista-demócrata, los senadores Hillary Clinton y Bernie Sanders, ya se declararon abiertamente opuestos a aprobar el TTP.

Bernie Sanders anunció en Conferencia de Prensa que hará todo cuanto sea posible para derrotar la propuesta del TTP. Y agregó textualmente: “En este país lo que necesitamos es una política económica y comercial que favorezca a la gente, a las familias trabajadoras, y no que sean sólo una maniobra en favor de los jerarcas de las corporaciones multinacionales”.

Por otra parte, la senadora Demócrata Elizabeth Warren, se declaró airadamente en contra del TTP, y denunció que el Tratado Trans Pacífico contiene propuestas que son aberrantes ante cualquiera institucionalidad de derecho. En concreto señaló que la entidad llamada Investor-State Dispute Settlement de hecho constituye un tribunal de privado justicia que queda por encima de las legítimas Cortes de Justicia de las naciones involucradas.

Otras figuras decisivas del Partido Demócrata, como el pre candidato presidencial Martin O’Malley, ex gobernador de Maryland, y Jim Webb, ex senador por Virginia, están instando a sus correligionarios a votar en contra del TTP.

Pero más importante que el rechazo de los demócratas al Tratado Trans Pacífico, es el rechazo actual de muchos republicanos, incluyendo a numerosos de los que antes habían apoyado el fast track para facilitarle a Barack Obama la elaboración del proyecto manteniéndolo en secreto y renunciando a que el Congreso pudiera incorporar correcciones o modificaciones a los textos que presentara el Ejecutivo.

De partida, el principal precandidato republicano a la presidencia, Donald Trump, ya calificó el proyecto como “un engendro desastroso”, y denunció que, detrás de una pantalla de supuesto libre comercio, el TTP lo que propone es un sistema coercitivo completamente contrario a lo que es libre competencia.

Más aún, Donald Trump señaló que si la China quisiera asestarle un golpe ruinoso a la economía de Estados Unidos, le bastaría con aceptar la invitación que hizo Barack Obama y se sumara al TTP, pues el texto del tratado en el hecho le permitiría llevarse a la China más de un millón de los mejores puestos de trabajo que todavía quedan en Estados Unidos.

El senador republicano Ted Cruz, quien al principio había apoyado el TTP, ahora se unió a los senadores Marco Rubio, Rand Paul y Orrin Hatch, presidente del Comité de Finanzas del Senado.

Este último recalcó que el hecho de que antes se haya aprobado el fast track, de ninguna manera asegura que el proyecto que presente Obama vaya a ser aprobado.

El Gobernador de Louisiana, Bobby Jindal, se declaró también furiosamente en contra del TTP, señalando que Barack Obama no le merece confianza, y el célebre gobernador republicano de Arkansas, Mike Huckabee, despotricó en contra del TTP diciendo “No se puede confiar en un tal Barack Obama que dice que va a negociar un tratado en favor de los trabajadores de Estados Unidos, no señor!”.

Por lo pronto, ya se conoció que el TTP contempla la eliminación de nada menos que 18 mil disposiciones que establecen tarifas y otros beneficios para los agricultores estadounidenses, precisamente en los estados donde la mayoría de las familias de agricultores son de tendencia republicana, y se van a sentir traicionadas si ese partido es cómplice de despojarlos de la protección actual.

De allí que en la bancada republicana estén dando máxima importancia a que la aprobación o el rechazo al proyecto de TTP que presente el gobierno, se dirima antes de abril, para que sea consumado cuando esté recién empezando la contienda electoral.

Se trata de evitar que el electorado se incline masivamente en favor de aquellos candidatos demócratas que se ya se declararon contrarios al TTP.
Pero más allá de toda esa inmediatez de la política cotidiana y sus más bien patéticos protagonistas, hay ya una enorme colectividad internacional que, además de denunciar los contenidos dictatoriales del Tratado Trans Pacífico, ahora desde ya están coordinándose para realizar una gran movilización masiva, sobre todo en Estados Unidos y Canadá.

Por lo pronto, en Estados Unidos, ya se formó una organización proclamada como “Popular Resistance”, Resistencia Popular, que ya reúne a 58 organizaciones importantes de derechos humanos, ambientalistas, sindicalistas y dirigentes sociales y vecinales, que proyectan iniciar movilizaciones de protesta en Washington DC, a partir del 16 de este mes.

En tanto, las confederaciones sindicales de Estados Unidos, encabezadas por la AFL-CIO, están por su parte diseñando una intensa campaña que puede incluir desde protestas hasta otras formas mucho más duras de presión sobre los políticos.

Pero, ¿cuáles son los contenidos del Tratado Trans-Pacífico que están produciendo tanta reacción de rechazo vehemente, sobre todo en Estados Unidos y Canadá?

Básicamente, en la perspectiva estadounidense y canadiense, se está denunciando que el TTP es una maniobra enorme de las grandes sociedades anónimas transnacionales, apuntadas a desplazar los más importantes y bien remunerados puestos de trabajo hacia los países con más bajas remuneraciones.

Se menciona, por ejemplo, que multitud de puestos de trabajo en la industria electrónica ya está desplazándose desde Estados Unidos y Canadá hacia Burma, donde los trabajadores en general son inmigrantes que se encuentran en situación de virtual esclavitud, y ganan menos de la vigésima parte de lo que gana un trabajador estadounidense que realice la misma función.

Con ello, por un lado, se producen artículos electrónicos elaborados en términos de miseria, y por otro, mediante el TTP, esos mismos productos son enviados a Estados Unidos donde se venden a precio de mercado. O sea, el TTP produce consolidación de un despiadado abuso sobre los trabajadores, bajo la figura de que ese régimen es necesario para atraer a los inversionistas extranjeros, y, al mismo tiempo, con ello provoca cesantía de los trabajadores industriales de Estados Unidos, y con ello derrumba la capacidad adquisitiva de la gente, lo que provoca estancamiento en el consumo interno, caída en las exportaciones de Estados Unidos y por consiguiente déficit en la balanza comercial de la nación.
Igualmente, el Tratado Trans-Pacífico omite por completo poner disposiciones que realmente impidan la manipulación monetaria por parte de los bancos centrales de los países involucrados. Precisamente bajo la figura de evitar la manipulación de los tipos de cambio, se establece que a los bancos centrales se les prohibirá intervenir haciendo compas o ventas masivas de dólares para regular el precio de esa moneda, como lo hizo el gobierno de Sebastián Piñera en Chile, para apoyar a los exportadores agrícolas.

A las transnacionales les conviene que el valor del dólar se mantenga alto y estable, pues con ello sus pagos a los países involucrados, resultan más bajitos en moneda nacional.

Es decir, mientras por un lado las transnacionales presionan a los gobiernos para desbaratar o debilitar la legislación laboral y la acción de los sindicatos, por el otro lado maniobran para que el tipo de cambio abarate en dólares los salarios que se paga a los trabajadores.

De hecho, en Chile, un trabajador con un salario de 240 mil pesos, ganaba el equivalente a 402 dólares de 600 pesos. Pero ahora, con el dólar a 697 pesos, ese trabajador ha quedado ganando sólo 345 dólares. En dólares le bajaron 57 dólares por cada mes. Lo que ha perdido el trabajador, y lo han ganado las transnacionales sólo por el truquito del tipo de cambio.

De allí que una de las propuestas más importantes para los sindicalistas de Estados Unidos, apunte al fortalecimiento del sindicalismo a nivel internacional, a fin de evitar que el abuso contra los trabajadores en ciertos países se mantenga como instrumento para que las transnacionales obtengan ganancias enormes.

El analista económico Dean Baker, del diario británico The Guardian, destaca el mito de que el TTP pueda impulsar la economía al eliminar barreras comerciales. El señala que, la verdad, es que casi todos los países involucrados ya desde antes tienen tratados de libre comercio, y en la práctica las barreras ya son inexistentes.

Igualmente, países como Chile, en realidad seguirán vendiendo sus productos a los mismos compradores que ya tenía, a los precios que determine el mercado, y en las condiciones que nos impongan las transnacionales.

Los temas más relevantes a nivel mundial, son los referentes atópicos no comerciales sino a medidas autoritariamente impositivas sobre los países signatarios que invariablemente actúan en favor de las grandes corporaciones transnacionales.

De partida, señala el analista británico, el TTP sí establece que los conflictos de intereses comerciales entre alguna transnacional y alguno de los gobiernos signatarios, van a ser dirimidos en una especie de tribunal privado de justicia, con alta representación de las transnacionales, cuyos jueces actuarán como árbitros, y cuyos fallos estarán por encima de cualquier fallo que hayan emitido los tribunales de justicia de cada país. O sea, el fallo del tribunal privado que establece el TTP, podría incluso anular fallos de la Corte Suprema, si considera que se ha perjudicado las ganancias que alguna transnacional esperaba obtener.

Pero todavía más que el absurdo jurídico de los tribunales privados por encima de los tribunales legítimos, se está denunciando que los términos del TTP implican un impacto devastador sobre la libertad de expresión e información, y que las atribuciones que se están otorgando a las transnacionales apuntan sobre todo a Internet.

Así lo denuncia el artista y empresario musical Evan Greer, quien opera uno de los más activos e importantes servidores de internet especializados en teatro, música y espectáculo en América del Norte y Europa. Según él, el TTP establece un exorbitante endurecimiento de los derechos de autor que corresponden no a los artistas mismos, sino a las transnacionales que se adueñan de ellos.

Indica que la ampliación y endurecimiento de las medidas de castigo bajo la figura de supuesta violación a los derechos de autor o copyright, atentan gravemente al derecho de los usuarios de expresarse, de entregar información y de obtener información a través de internet. De hecho, señala Evan Greer, las atribuciones que el TTP otorga bajo la figura de defender el copyright, permiten en la práctica establecer un sistema brutal de censura.

Incluso, señala, el TTP establece un mecanismo para aplicar censura, forzando a que los proveedores de Internet asuman el rol de policías de copyright, con atribuciones para incluso borrar material o aún cerrar una cuenta de Internet si consideran que pudieran estar violando de algún modo alguna de las extrañas formas que puede tomar el copyright. Y eso, sin necesidad de que exista una orden judicial, y sin que se establezca ninguna reparación en los casos en que se afecte a algún usuario que haya sido inocente.

O sea, sólo hay castigo, aunque sea injusto, no hay corrección del castigo.
En realidad, las denuncias que están ya movilizando a tantos y tan prestigiosos protagonistas de la cultura, la política y el derecho, a nivel internacional, aparecen con una solidez de realidad y racionalidad que, verdaderamente, nos llevan a sentir asombro de que algunos gobiernos, como el de Chile, tengan sentimientos triunfalistas por haber quedado involucrados.

Como señalaba antes, el proyecto TTP tiene 30 capítulos y más de 6 mil cien páginas. Hay que pedir ayuda para conocerlo cabalmente, más allá de las palabritas escogidas por los relacionadores públicos y los lobistas de las transnacionales.

En Chile, hay que prestarle atención al sitio web eldesconcierto.cl, y también el diariodigital.cl, que ofrecen muy abundante información en castellano, y en términos claros y directos, y que corresponden, con gran profundidad, a los contenidos que fundamentan el rechazo al TTP en Estados Unidos.

Y, en último término, lo que se está planteando es que el Tratado Trans-Pacífico es algo que va lejos más allá del interés político de Estados Unidos. Prácticamente todos los analistas políticos de mayor prestigio aparecen coincidiendo en que el TTP es desastroso para Estados Unidos tanto como para los demás países involucrados.

Y que las únicas gananciosas son las grandes sociedades anónimas transnacionales. Esas que, como señaló el premio Nobel Joseph Stiglitz, son entidades que no tienen alma, ni tienen familia, ni tienen patria… y sólo sirven al lucro como única divinidad.
En fin, para quienes no hayan tomado nota de los sitios web que informan en profundidad sobre el TTP, les ofrezco remitir sus direcciones junto con un dossier con algunas traducciones complementarias sobre el tema.

Hay que preocuparse ahora, que todavía queda un poquito de tiempo.

Hasta la vista, amigos. Cuídense. Es necesario.

Fuente: Resumen

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