Concepción huele a derrumbe

equis2Crónica penquista por Juan Schilling

Concepción huele a derrumbe. No me pregunten como es, no lo sabría explicar, solo sé que se pega a la nariz y que lo vamos a seguir sintiendo, mucho tiempo, quizás no hasta que desaparezca, sino hasta que nos acostumbremos a él.

Por todas partes se apilan montones de escombros sacados de casas y edificios que luchan por no entrar en la fatídica lista de los que tienen que ser demolidos. Los que no han escapado a ese destino lucen un graffiti siniestro cuyo símbolo más claro es una x rodeada por un círculo, además de otros detalles cuyo significado desconozco y terminan con una fecha de este marzo de miedo, que no se arregla ni con todos los bonos del mundo.

En todo caso, la ejecución no es inmediata deben esperar pacientemente su turno, para que una máquina de demolición esté disponible, a menos que una réplica lo suficientemente potente se apiade de ellos y los mande al suelo y acaben su existencia sin eutanasia, sino de muerte natural.

Asombra sin embargo, que en calle Chacabuco entre Castellón y Colo Colo haya maquinaria demoliendo cinco casas de dos pisos y muchísimos metros cuadrados de la mejor construcción, que resistieron el terremoto sin una sola grieta en sus paredes. Demoler casas de esas características cuando los arriendos de viviendas han duplicado y triplicado su valor, no tiene sentido ni lógica de mercado ni humana.

La explicación es que esas casas estaban condenadas desde mucho antes del gran sismo, porque ahí se construirá un supermercado. La demolición se adelantó, a pesar de que la maquinaria necesaria está muy ocupada y es difícil disponer de ella.

Quizás los dueños del proyectado super temían que vinieran a ocuparlas los pobladores de Agüita de la Perdiz o de Pedro de Valdivia Bajo o los mismos vecinos del Centro de Concepción que hoy no tienen donde vivir y que de la noche a la mañana se han convertido en pobladores sin casa. Y todo esto, a pesar del toque de queda, a pesar de los 12.000 soldados que custodian nuestra región.

La falta de razón nos domina desde hace mucho tiempo. No es culpa del terremoto.

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