Comunidad Lafkenche y Ley 20.249

En una columna de opinión, la Comisión Comunicaciones de la Identidad Territorial Lafkenche se refiere al actual momento por el que atraviesa la ley 20.249 que crea el Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios y llama a la discusión de “¿por qué, al igual como se han comprado tierras, no se puede comprar los espacios de mar concesionados y sus terrenos adyacentes que integran el Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios?”

La aprobación de la ley que crea el Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios (Ley 20.249) a fines del año 2007 vino a cerrar una importante etapa de este proceso de defensa del territorio que se inició en la década de los noventa luego de la promulgación de la Ley General de Pesca y Acuicultura, donde las comunidades constataron que no se les incluyó en su discusión, y –posteriormente- cuando se promulgó el reglamento de AMERB, con el que se da una pérdida sistemática de los espacios de interés cultural. Así, las comunidades lafkenche iniciaron una larga búsqueda de una alternativa de solución, la que finalmente se materializó en la “Ley Lafkenche” cuyo reglamento de aplicación se encuentra aún en revisión de Contraloría.

Muchos hitos hay en este proceso de construcción colectiva de la ley, un hecho inédito en Chile y que marca un precedente en la forma de hacer política en este país. Cientos de lafkenche cabalgando hacia Concepción en 1999, más de 5 mil personas reunidas en Trawa Trawa en el 2004, más de mil personas participando en los encuentros territoriales de los años 2006 – 2007 para conversar sobre la importancia del lafken, y una masiva presencia de habitantes del territorio lafkenche desde Arauco a Hornopiren en cada sesión del Parlamento donde se discutió nuestra ley, son parte de esta historia que construimos por más de 15 años.

En este contexto es interesante rescatar algunos elementos de la Ley como proceso y como instrumento jurídico administrativo que sienta un precedente al instalar y poner en discusión conceptos como uso consuetudinario, pueblo y asociación de comunidades.

La ley establece un cambio de paradigma en cómo se detecta la necesidad y se construye un cuerpo legal, y establece un análisis del problema desde la dirigencia y es ésta quien propone una solución.

Es un proceso de negociación sin precedentes, donde lo que prima es la búsqueda de puntos de encuentro y donde se genera un espacio de trabajo Dirigencia-Gobierno, donde lo que se prioriza es avanzar sobre la negociación y la obtención de avances concretos y efectivos. Es, además, la primera ley que explicita una discriminación positiva, al detener cualquier solicitud, mientras se resuelva la pertinencia o no del uso consuetudinario.

Asimismo, es una propuesta que logra convocar diversos actores del mundo indígena, y busca resolver diversas problemáticas del borde costero. Es una figura administrativa que se elabora de cara al resto de los interesados como por ejemplo pescadores artesanales (CONAPACH y CONFEPACH), lo que se explicita en el reconocimiento de los derechos constituidos, principalmente por organizaciones de pescadores artesanales.

Como dirigentes tenemos la convicción que es una ley que se fundamenta en la propuesta y no en la demanda, o sea, se tiene una imagen integral alejada de lo “cosistico” y lo “casuístico”.

Por otra parte, es interesante destacar que: como figura Jurídica-Administrativa se construye a partir de elementos indígenas y no indígenas y busca integrar elementos de protección y explotación, resguardados por el Plan de Administración y el Plan de Explotación; resguarda la sustentabilidad del área al permitir la implementación de usos nuevos, más allá de los consuetudinarios; e integra elementos de la gestión terrestre y la marítima, constituyéndose en un instrumentos de gestión costero integrada.

Es, en definitiva, una figura que integra y no excluye, al reconocer los derechos constituidos y al permitir otros usuarios más allá de los meramente administradores.

Hoy, a más de un año de la promulgación de la ley y de su publicación en el diario oficial, vemos con preocupación que aún el reglamento que permite aplicar la ley no salga de Contraloría.

Este retraso y la poca voluntad política que hemos visto por parte de las autoridades del actual gobierno por agilizar este proceso, nos hace cuestionar la relación que el Estado de Chile ha tenido históricamente con los pueblos originarios.

Semanas atrás, dirigentes de nuestra organización al recordar el cumplimiento de un año de la promulgación de la ley 20.249, hicieron un llamado a Conadi a demostrar conocimiento de la ley y su implementación, para evitar un divorcio en lo que buscan ambos actores. Hoy esperamos que el mismo organismo dé respuesta a nuestras inquietudes y logre resolver la demanda de muchos hermanos por la pérdida de espacios de mar para solicitar.

Sabemos, siempre hemos sabido, que nuestra ley no es aplicable a espacios ya entregados, pero por eso hoy nos preguntamos: ¿Por qué, al igual como se han comprado tierras, no se puede comprar los espacios de mar concesionados y sus terrenos adyacentes que integran el Espacio Costero Marino de los Pueblos Originarios?

La falta de respuestas y claridades ha causado frustración y equívocas interpretaciones por parte de muchos hermanos que llevan años luchando, al igual que nosotros, por su territorio.

Actualmente seguimos luchando por obtener esos espacios que nos pertenecen y han pertenecido siempre, y -me atrevo a decir- viviendo una de las etapas más importantes  del proceso de esta ley  que dice relación con la discusión  local respecto a  cuáles son los sectores que se solicitarán, quiénes lo solicitarán y de qué manera se administrará, dejándonos el desafío de ver cómo dialogamos con otros actores y planificamos el territorio.

Toda esta discusión tiene sus tiempos y dinámicas locales, que hay que saber entender y respetar, porque tenemos la convicción que es un paso fundamental en  la construcción de una nueva relación entre las diversas organizaciones tradicionales y funcionales que viven y conviven en el borde costero. Ahora nuestra tarea es devolverle lo construido a nuestra gente, desde donde nació esta ley: en la comunidad.

En esta larga  travesía que nos ha llevado por aguas desconocidas y faltando tan poco para que este bote finalmente llegue a un buen puerto, se hace necesario que todos y todas hagamos nuestro mejor esfuerzo y rememos para el mismo lado. No nos pongamos nerviosos con las primeras olas que nos mojan un poco, ya que como dicen: “más nos sirve en el bote alguien que ayuda a remar que alguien que sólo se dedica a gritar que nos estamos hundiendo”.

Comisión Comunicaciones Identidad Territorial Lafkenche


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