Comunicado Canal Barrial 3: El Orden del Terror

Frente al contexto actual de revuelta social y antisocial:
Como medio de comunicación independiente, nos propusimos ser parte del proceso de movilización que tiene lugar en Chile, aportando desde una trinchera en específico: Salimos a la calle con nuestras cámaras a registrar la protesta, la disidencia, el enfrentamiento con el orden, el grito exclamativo de quienes en su diario vivir portan historias de inequidad y explotación producidas por un sistema económico/político que impone una manera de ordenar la vida, la cual ha sido perpetuada por l@s mism@s que se enrriquecieron con la masacre de ayer y que en los sucesivos veintiun años han perfeccionado y totalizado este formato social impuesto a sangre, nos referimos a la democracia liberal y sus empresari@s politic@s.
Salimos a la calle para denunciar el abuso, no sólo de quienes han sido responsables de sustentar la mercantilización de la vida, y como consecuencia han dado pie al lucro de la educación, de la salud, de la alimentación, de la vivienda, de la ñuke mapu; sino también a quienes han ejercido históricamente un trabajo en especifico: reestablecer el orden social y reproducir las condiciones necesarias para la mantención de este modelo de sociedad mediante la normalización de un estado de desigualdad, nos referimos a la policía.
Este estado de “orden público” que los poderosos defienden y resguardan con tanta vehemencia también lleva el nombre de Seguridad Nazional, cuyo principal soporte son las tecnologías de inteligencia y persecución a cargo de determinados departamentos de la policía, sus funciones deberán responder cabalmente a las necesidades y ordenes del Estado chileno mediante el conducto regular: el aparato central de seguridad nazional, cuya cara visible hoy por hoy es Hinzpeter como ministro del interior. Entonces, si la policía dispara lo hará siempre en nombre de la fuerza soberana estatal.
Son en momentos como estos, de revuelta social, de manifestación de rebeldía y compañerismo, de rechazo al orden impuesto y a la normalidad desigual, donde queda en evidencia la función  de la policía como aparato represor, cuyo objetivo es monopolizar la violencia y ejecutar el TERRORISMO DE ESTADO. Lo hemos sentido en las calles, hemos registrado su violencia, sus disparos, comprobado su prepotencia, experimentado el hostigamiento y, mientras ell@s hablan en la prensa oficial de saldos, exponen cifras del daño a la propiedad privada y pública, y amenazan con querellas, desalojos y otro tipo de castigos, nosotr@s vivenciamos una perdida incalculable, el asesinato de una vida, otro más en democracia, otro nombre en la lista de muertos en manos de Carabineros de Chile. A la familia y amig@s de Manuel Gutierrez, todas nuestras fuerzas.
Podemos ver que, a la vez que el conflicto estudiantíl ha superado sus propios límites como demanda sectorial-  reconociendose como  un movimiento disidente de una estructura política y deslegitimando la base institucional y al Estado mismo- en el actuar policial ha ocurrido un innegable acrecentamiento en la aplicación de la fuerza frente a la movilización social.
La vigilancia  policial permanente se desplaza por los aires contaminados de Santiago, dos helicópteros equipados con tecnología de primera para la identificación a distancia, un despliegue además mayor es el terrestre, miles y miles de policías en sus distintos medios de transportes bélicos (lanza gases, lanza aguas, motos, micros, furgones, tanquetas) se encargan de limpiar la ciudad para el flujo continuo del capital y el orden desigual.
En dos días de paro, de huelga generalizada, en las poblaciones, en las calles, en los liceos, podemos sentir y ver a personas de destintos territorios, edades, posiciones políticas; llámense estudiantes, inmigrantes, obreros, pobladores,explotados, tod@s y cada un@ de nosotr@s difus@s nos fundimos en una misma protesta, en un mismo grito de rebeldía. Pero, al mismo tiempo, el poder comienza a desplegar mecanismos que operan tratando de interceptarnos, identificarnos, atemorizarnos, reestableciendo los lugares propios y marginales en los cuales cada uno de nosotr@s debiéramos encajar, en las funciones o roles que nos asigna la sociedad de mercado, como extranjeros, como trabajadores, como delincuentes, como consumidores, como pacifistas, violentistas, mediadores y moralistas del conflicto, siendo relevante lo que ocurre con los jóvenes de nacionalidad colombiana, quienes participando en la marcha del día jueves 25 de agosto son perseguidos y vigilados rigurosamente por la prensa nazionalista, con el evidente objeto de excluirlos políticamente hasta poder causar la expulsión como medida ejemplificadora.
Esta claro que cualquier Estado -y más aún el chileno- sólo incluirá en su territorio al inmigrante mientras le sirva como mano de obra barata, una mano de obra que debe ser ante todo sumisa, entonces, a la primera manifestación de rechazo, de rebeldía con el orden nazional que sólo les asegura miseria, discriminación y hacinamiento, el Estado responde aplicando con todo rigor su fuerza policial, poniendo en juego, incluso, la exclusión política como estrategia para contrarrestar lo más rápido posible la manifestación de unas de las voces más acalladas de todos los territorios nazionales, es el grito del inmigrante. Nosotr@s afirmamos que esta lucha con mayor razón les y nos pertenece sin distinción.
Estamos convencidos de que la denuncia y el registro de este proceso de movilización social son necesarios, pero más importante aún es realizar un análisis político lucido respecto a las estrategias de contención y represión desarrolladas por los aparatos de control social, basadas en nuevas tácticas, en nuevos métodos, en los cuales los medios de comunicación burgueses ocupan un puesto clave, quienes infiltrados en las protestas van marcando la pauta de lo que el Estado quieren representar y validar en la opinión pública, exaltando la buena imagen del correcto protestante o de la bella dirigente, para provocar divisiones absurdas pero bastantes efectivas en el movimiento, convirtiendo al manifestante en un acérrimo protector de los bienes de consumo público y patrimoniales del Estado, haciendo la pega de la policía más dañina y peligrosa: “el paco interno y sin sueldo”, capaz de deslegitimar los medios de protesta e interrupción de la normalidad, e imponer una única salida; encauzando la protesta al consenso entre las demandas populares y el poder.
El movimiento social y antisocial, es una fuerza ante todo disidente y no consensual, lo que los partidos políticos están haciendo y querrán asegurar a toda costa, es el manejo de la crisis gubernamental, que les atañe por igual, sobre todo por los intereses económicos en juego. Concertación y derecha están vinculados y articulados en base al mismo fin: EL ORDEN SOCIAL Y LA SEGURIDAD NAZIONAL. Cualquier consenso será concebido bajo la misma lógica de siempre: la voz de las masas movilizadas que atribuyen al Estado la resolución del problema y su protagonismo se agota  rapidamente, diluyendose en diálogos y acuerdos que no significan ninguna transformación de fondo al orden imperante. Nosotr@s debemos estar clar@s y generar  un análisis crítico frente a esta verdad histórica.
Como medio de contrainformación y televisión crítica estamos al tanto de un sin numero de procedimientos de violencia policial y abuso político, por nombrar algunos: allanamientos y desalojos de distintos espacios comunitarios, allanamiento “Preventivo” ilegal –sin orden del juez –  a la Okupa Tiao en Valparaíso (sus habitantes resultaron con graves daños fisicos); allanamiento  del canal de televisión comunitario 3 de la población La Victoria; irrupción avasalladora de la policía en casas particulares de los pobladores de La Victoria; violentos desalojos en los establecimientos educacionales en toma; detenciones arbitrarias y sobre todo degradantes (es el caso del testimonio de una estudiante menor de edad, obligada a desnudarse y hacer ejercicios durante su detención); acoso policial permanente a centros sociales, casas okupa y, sobre todo, maltrato físico y desmedido del aparato policial, poniendo en riesgo la vida de muchas personas, quienes han tenido que ser asistidos en algún centro medico.
En este contexto en que nos proponemos hacer de nuestra trinchera el registro, el análisis, la critica, la discusión y la denuncia. Esto es parte del sentido del trabajo colectivo no sólo nuestro, sino de muchas otras compañeras y compañeros que  se mantienen en las calles haciendo el aguante cotidiano. Hacemos un llamado a tod@s ell@s a colectivizar los registros (imágenes, videos), a practicar el apoyo mutuo desde la difusión, a no quedarnos callados, normalizando este estado policial y de agresión y ,sobre todo, a seguir alzando la voz, bifurcando rebeldías.
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