Colombia: En defensa de los bienes naturales

bienes-naturalesPor Cristina Escobar

“La vida, vale más que el oro” es una de las consignas agitadas en las múltiples marchas, que durante los últimos años han acompañado la defensa del agua y de los páramos colombianos. El accionar en contra de las multinacionales y en defensa de nuestros bienes comunes, ha transcendido las marchas y se ha transformado en consultas municipales -genuinas expresiones de poder popular-, en las cuales, por una amplia mayoría, las comunidades han rechazado las falsas promesas de las multinacionales y, han optado por salvaguardar los recursos ambientales.

Tres millones beben del agua de Santurbán

Pese a las masivas marchas que protagonizaron los santandereanos desde 2011, para rechazar la explotación de minería a gran escala en los páramos aledaños, la Corte Constitucional acaba de tumbar la delimitación de páramo de Santurbán, por considerar que, en la delimitación hecha en 2014, no participaron las comunidades que viven en esa zona. ¿Acaso piensan enfrentar a las comunidades que viven de la minería en los bordes del páramo, con los tres millones de gentes que beben de las aguas de Santurban, para que salga gananciosa la multinacional minera árabe, representada por Tony Blair?

No sólo es la sostenibilidad del páramo de Santurbán lo que está en juego, en realidad está en juego la defensa de los páramos colombianos y, por ende, el agua en todo el territorio nacional, ya que de allí depende la reserva hídrica de estas y las futuras generaciones. Duélale a quien le duela, la extracción de minerales no renovables es insostenible, y debe ser el nodo de conexión entre todos los colombianos; Sin importar las ideologías o los partidismos, la defensa de los recursos naturales y la utilización de los bienes comunes, debe dar lugar a que la sociedad al unísono rechace el capitalismo salvaje.

Lucha radical por la vida

Dijo Marx en los Manuscritos de 1884:

“La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre, es decir, la naturaleza en cuanto no es ella misma el cuerpo humano. El hombre vive de la naturaleza; esto quiere decir en un proceso continuo, al fin de no perecer. El hecho de que la vida física y espiritual del hombre depende de la naturaleza no significa otra cosa, sino que la naturaleza se relaciona consigo misma, ya que el hombre es una parte de la naturaleza.”

Con el triunfo del capitalismo esta premisa de Marx fue ratificada, ya que el poder sobre la naturaleza pasó a unas pocas manos, fenómeno que estableció dichos recursos como privados, ocasionando que la clase trabajadora olvidara su conexión con la naturaleza.

Esta apropiación de la naturaleza y de sus recursos ha generado una gran afectación no solo en el ámbito de la explotación patrón-obrero, sino también de nuestro medio ambiente. Hoy día presenciamos las consecuencias de los vejámenes por los cuales ha pasado la tierra. El resultado de estas malas prácticas han sido los grandes cambios de temperatura y la alteración del medio ambiente, factores que propician el surgimiento de huracanes como Irma, el cual afectó a gran parte de la costa de los Estados Unidos y de nuestros países hermanos de América Central y el Caribe. Otra manifestación de la madre tierra es el pasado terremoto en México que cobró cientos de vidas, entre otros miles de manifestaciones que nos deja claro que la vida en la tierra no soporta más la explotación depredadora, como hasta hoy la han llevado a cabo.

Estos hechos nos llaman primero a reflexionar sobre el estado en el que se encuentra la madre tierra, y las inclemencias por las que ha pasado debido a su sobreexplotación con motivo de la nueva fase del capitalismo salvaje y depredador en que nos encontramos; cuyo único fin es terminar de acabar los pocos bienes naturales que posee nuestro planeta.

La trampa del capitalismo “verde”

La reflexión sobre la depredación del sistema imperante, no debemos hacerla desde la lógica del capitalismo “verde”, en donde el cuidado del medio ambiente solo se centraliza en reutilizar varias veces la misma bolsa desechable, se oculta la verdadera realidad tras estas grandes transnacionales camufladas de protectoras del medio ambiente, cuando son ellas las que envenenan nuestras fuentes hídricas, acaban con nuestros paisajes montañosos en búsqueda de oro y son los que despojan a miles de indígenas y campesinos de sus territorios, para hacer sus grandes monocultivos. Los daños causados por los cultivos de palma y soya, por los agrotóxicos usados, no serán corregidos ni reparados por el capitalismo “verde”.

Por lo anterior, es necesario formularnos la siguiente pregunta: ¿cuál es nuestro papel en la defensa de nuestros bienes naturales?, en contra del despojo capitalista que propicia el cambio climático. Es necesario entender que la apropiación de dichos recursos hace parte de una estrategia empleada por el capitalismo neoliberal e imperialista, que en el ánimo de encontrarle salida a la profunda crisis en la que este se encuentra hoy, emplea nuevamente la explotación de la naturaleza y el despojo de la clase trabajadora al igual que ocurrió hace más de 500 años con la invasión española a nuestra América, donde el despojo y la esclavitud fueron las palabras de primer orden y en el que gracias a este proceso de invasión se cimentó el incipiente capitalismo.

En el marco de esta estrategia imperialista y neoliberal, Colombia es uno de los fortines más codiciados para la acumulación del capital extranjero. La oligarquía vende nuestra patria al imperio y para ello ratifica su sometimiento a las élites mundiales; recibe las migajas del despojo. Desde los inicios de la fase neoliberal se viene implementando políticas económicas acordes con este fin, lo que se afianza aún más con el gobierno Santos, continuador ejemplar de Uribe en este aspecto. La imposición de la locomotora minera como factor principal de la vida económica del país es el sello con que se recordarán estos gobiernos, a costa del despojo, empobrecimiento de la población y militarización de los campos.

Defensa del territorio

El imperialismo pretende aprovechar del plan en curso de desmovilización de las guerrillas, para entrar a territorios ricos en fauna, flora y riqueza mineral, donde nunca habían podido ingresar gracias a la resistencia armada; por lo que hoy las comunidades deben estar muy alerta, para seguir en la defensa de la vida y el territorio.

Defender el agua y nuestros territorios es una tarea que hoy todos y todas debemos asumir. La defensa de nuestros bienes naturales debe ser asumida por nuestra gente y su voluntad soberana debe ser respetada. Los demócratas, patriotas y revolucionarios debemos propiciar conciencia de humanidad, y dar a entender que esta pelea debe traspasar las esferas de lo local y convertirse en una lucha internacional, en donde podamos generar claridades de este problema, producto del sistema capitalista que destruye y deshumaniza la vida misma, y que sólo transformando este sistema y por medio del socialismo lo vamos a superar.

Fuente: ELN Voces

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