Ciudadanos de segunda clase

Por Arturo Ledezma (@arturoledezma)

Cuando uno ve casos como el de Martín Larraín comprende que siempre han existido y siempre existirán personas de más categoría que uno. Sabemos que la justicia no es justa, sino preventiva, ya que se supone que una persona que viene del poder no tiene la necesidad de cumplir condenas porque basta con un coscorrón de su papá y un castigo en la pieza para enmendar cualquier error.

En Chile atropellar un pobre es lo mismo que atropellar un perro y más le duele a la gente lo que cuesta reparar el parachoques que lo que significa la vida de otra persona. Porque si a mí, o a quien lee esto, nos atropellan en la carretera le va a importar únicamente a las personas que nos conocen y punto. Pero si alguien atropellara a la hija de un ministro o, peor aún, a un ministro, seguramente se inventarían leyes con el nombre del conductor. Martín Larraín atropelló a Hernán Canales y nadie se va a tomar la molestia de investigar o poner su nombre a una calle y simplemente quizá en un tiempo una animita recuerde que en un lugar de Chile una persona murió porque el Hijo de Carlos Larraín lo mató y se dio a la fuga.

Yo me imagino la cara de Martín Larraín en el momento en el que le pasó por encima al cuerpo de Canales. Me imagino a sus acompañantes diciendo “weón, atropellaste a alguien”. No sé por qué pero me imagino también al tipo yéndose del lugar pensando en la mejor manera de ocultarse y diciendo “Conchesumadre. Mi papá me va a retar”.

Johnny Herrera Motor Club

Herrera mató a Macarena Cassasus y nadie dijo que eso también es un femicidio. El Machismo mata y el fanatismo futbolístico también, porque pesó más el fanatismo que se le tiene al arquero que la realidad de que manejaba curao como tetera. En este caso también queda la sensación de que, más allá del hecho puntual del atropello, la gente tiende a pensar en argumentos como “Igual es una lástima, pero el tipo es conocido, y se lo van a hacer de hoyito en la cana, pobrecito, ojalá que no vaya preso”.

Si un comunero mapuche atropellara en bicicleta a un paco te aseguro que lo muelen a palos y le meten un juicio por conducta terrorista. Pero si un pelotero mata con una camioneta enchulada a una persona se presupone que la atropellada cruzó mal la calle y que, el jugador borracho, no tuvo la culpa de no verla dos veces antes de pasarle las ruedas por encima. Con Larraín pasa lo mismo, uno supone que, como es de derecha y como es hijo de una familia que nunca ha estado dos horas sin calefont, entonces no puede ir preso porque no es justo que uno quiera ser justo con gente que está y que vive en otro mundo, en otro planeta. “Se lo van a hacer de hoyito” pensará también la señora en su casa y entonces mejor que cumpla su condena encerrado en su pieza, una semana sin tele, dos palmaditas en los cachetes, y listo.

Borrachos y poderosos, nadie podría negar que eso, más que una ofensa, es una forma de vida que casi todo el mundo desea, por eso es que no se les puede enjuiciar y, por el contrario, se les premia por ser tan borrachos y tan poderosos. ¿Qué nos queda al resto? Tratar de ser poderosos y, ojalá, cufifos. Porque claro, si la televisión te dice que tomando copete vas a ser más y mejor persona y si, además, teniendo un auto caro y con radio vas a ser más lindo que Brad Pitt cuando guagua, entonces el delito de Martín y de Johnny no es delito, sino una consecuencia inevitable de un mundo que te grita en la cara que siendo pobre la única forma que tienes de ser interesante es siendo el tipo que se pone delante de un auto para que lo atropellen.

¿Qué hubiera pasado si Martín Larraín atropella a Johnny Herrera? Digo, un poderoso desconocido atropellando un “roto” conocido. Hubiera quedado un cagazo intergaláctico, para el público sería como ver haciendo caca a Penélope Cruz, es decir, esas cosas no pasan porque son inimaginables.

Larraín & Larraín Muertos Holdiing Company

Larraín cuando presidente de RN rompió vestiduras pro-vida en temas como el Aborto, sin embargo cuando su hijo mató a Canales no le importó un carajo la vida humana y se demoró cinco minutos en arreglar el escenario para que su hijo no se fuera preso por matar un ser vivo vestido con ropa similar a la suya que, claramente, no era igual que él.

Supongo que luego de todo el bullying que le hizo Kramer con la película, Leonart con la novela, su partido político con la desconocida y las redes sociales con los memes, a don Carlos no le quedó otra que reaccionar de la manera en que sabe reaccionar, es decir, mal. Hablar de justicia es una lata para tipos con poder, mejor es dar plata, tapar los hoyos con tierra, enterrar el muerto y seguir con la vida como si nada. Y así lo hizo.

Para la derecha tradicional la muerte es una consecuencia lógica de ciertos procesos. RN es un partido político que ha sido arte y parte de procesos horribles como la dictadura, entonces, es casi comprensible que se tomen “a la chacota” cuando muere una persona que no tiene apellidos de Avenida principal. Un muerto más, un muerto menos, un pobre más un pobre menos, da igual. Porque hay personas que somos parte de la selección natural y otras que son parte de los procesos históricos. Eso es tan cierto como el hecho de que si en este país tienes dinero es posible que te pases por la raja la justicia y la vida de los demás, y además es un ejemplo de que para llegar a ser felices tenemos que aprender a ser bestias, a pasarle, literalmente incluso, por encima a los demás.

El hijo de Larraín y su familia, han vivido amparados en los privilegios de ser parientes de Don Carlos. Privilegios que te permiten manejar curao, pasarte por la raja los controles de Carabineros, los partes, las filas en las discotecas y todo lo que signifique ser parte del mundo de los pobres imbéciles que no tenemos apellido o familiares en una posición de poder.

Bueno, es lo que hay

Pareciera ser que este tipo de noticias pasan por nuestras vidas como pasan los comerciales. Rápido. Sin mayor huella. Sin ningún tipo de impacto real. Porque sabemos que la única justicia a la que podemos acceder es a la que nos provee la Doctora Polo, ya que para problemas reales solo tenemos la posibilidad de morder la rabia y aprender a olvidar con elegancia.

El juicio social de Twitter quizá sea lo único que permanezca por más de 15 minutos en la memoria. Y ni todos los tribunales con todas sus leyes puedan equiparar las diferencias que tenemos con los que administran el poder, sea cual sea, en nuestro Chile lindo que se cae a pedazos por un lado y que brilla reluciente y majestuoso por otro lado. Insisto: hay gente pidiendo justicia en todas las esquinas, pero la justicia no existe para los que no podemos pagarla. Un futbolista es dueño de un poder que viene de las marcas que nos venden sus camisetas; el hijo de un presidente de partido tiene las garantías de atropellar personas como quien pasa por lomos de toro. Los mapuche, los dirigentes sociales, los endeudados, los explotados y los estudiantes no son, no somos, tema de agenda o motivo de publicidad, por ende, lo que nos queda es cruzar la calle con precaución, mirar en ambos lados, ser callados, quietos, estúpidos, y jugar a la revolución siempre y cuando esa revolución no toque los intereses o los parachoques de los que tienen el derecho a vivir en paz.

Fuente: El Ciudadano

Foto: El Ciudadano

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