Chile en el espejo

Por Wilson Tapia Villalobos

Casi siempre el espejo muestra lo que uno quiere ver.  O, más claramente, lo que uno está acostumbrado ver. Por eso, cuando se requiere una mirada escrutadora en serio, es necesario tratar de ver lo que realmente el espejo muestra. No es un ejercicio fácil, pero si se logra no habla sólo de la calidad de la vista del observador, sino de madurez.

Pedirle a una nación que se mire en el espejo no es lo mismo que objetivar la mirada para descubrir arrugas. Se comprometen cuestiones mucho más profundas que el ego. Están de por medio los compromisos que uno ha asumido en la vida y la forma que tiene para encarar ésta. O sea, una visión valórica, ética, que desemboca en apreciaciones ideológicas. El pueblo chileno, nosotros todos, no hemos dado aún el paso para alcanzar esa madurez indispensable.

Y es por eso que somos testigos de nuestro ridículo infantilismo.  De acciones que intentan manipular conciencias.  Que tratan de crear respuestas automáticas. Que dejan de lado el respeto por la inteligencia de los ciudadanos. Que mancillan la historia y el dolor ajenos.

El caso Krassnoff es el último de una serie.  Serie que no comenzó  ayer y que, desgraciadamente, no terminará mañana. Ya es grave que se haga un homenaje público a un delincuente que está condenado a 144 años de cárcel por cometer delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar. Pero que, además, lo encabece el alcalde de una de las comunas emblemáticas de la capital de Chile, el coronel (r) Cristián Labbé, agrava las cosas. Que el homenaje no lo haga en su casa, sino en un establecimiento de propiedad municipal, sólo profundiza el agravio.

Krassnoff está acusado de varios asesinatos.  De allí su larga condena. Uno de ellos es el de la periodista Diana Aron Sivigiliski. Cuando fue detenida en 1974, se encontraba embarazada y resultó herida a bala en la espalda al tratar de huir. Krassnoff fue el encargado de interrogarla. Marcia Merino, “la Flaca Alejandra”, colaboradora de la DINA y ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), al que también pertenecía Diana, relata así los que fueron los últimos instantes de la vida de la periodista: “Lo que más me impactó fue que Krassnoff salió de la sala de torturas con las manos ensangrentadas gritando: Además de marxista, la conchesumadre es judía. Hay que matarla”.

Este es el personaje homenajeado.  Al que el columnista Hermógenes Pérez de Arce llama libertador de Chile.  Y que muestra como víctima de jueces comunistas que lo condenaron a cautiverio de por vida.

Y de allí surgen otras aristas.  Que el presidente de la República tenga que despedir a quien envió una carta de excusa por no asistir al homenaje, pero que en la misma deseaba el mejor de los éxitos al acto, demuestra lo pueriles que somos. Sobre todo, que en enero, cuando el libro sobre Krassnoff se presentó en Moscú, el presidente Piñera también fue invitado.  En aquella oportunidad igualmente se excusó y en términos similares que ahora, pero nada ocurrió.

Estas actitudes no son propiedad exclusiva de la derecha.  El presidente Aylwin fue el que puso a los chilenos frente al espejo de la ley.  Dijo que se haría justicia, precisamente en los casos de atropellos a los Derechos Humanos, “en la medida de lo posible”. ¿Qué justicia es esa?

Hoy, Codelco se presenta como gran defensora de la riqueza nacional, en su pugna con Anglo American por la propiedad del 49% de la mina La Disputada. Pero es la misma empresa estatal la que constantemente contamina la localidad de La Greda y el balneario de Quintero.  Son miles las personas afectadas, entre ellas centenares de niños. La respuesta oficial es el traslado de la Escuela de La Greda. Ni Codelco ni el Estado chileno toman medidas definitivas para terminar con la peligrosa contaminación en un amplio sector de la Quinta Región del país.

Los infantiles personajes que somos, miramos el espejo y vemos lo que queremos. Nos encanta la imagen de una economía en crecimiento constante. Pero nos desentendemos de que el desarrollo tiene costos.  Y éstos no tienen por qué ser en vidas humanas. En el sector de Ventanas, donde se encuentra la fundición de Codelco, existen varias otras empresas contaminantes.  A ninguna se le aplica las mediciones que exigen las naciones desarrolladas. Aquí nos quedamos contentos con que no se sobrepasen niveles que claramente son insuficientes para proteger la salud.  Y las empresas, incluida la estatal, los sobrepasan de manera reiterada. ¿Qué hacen nuestras autoridades?  La vista gorda. La justificación de tal actitud es más o menos la esbozada por el presidente Aylwin.

Ya no existe la justificación de que somos una pobre republiqueta perdida en un extremo del mundo.  Si el tan publicitado éxito de la economía chilena es real, pues que le de beneficios mínimos a los chilenos.  Y estos deberían reflejarse en respeto por su salud.

Como si esto no fuera suficiente, las visiones ideológicas se encuentran prácticamente empatadas.  Por lo tanto, la justificación de lo que ocurre se transforma en política,  Y así, quienes gobiernan defienden lo indefendible. El presidente Piñera podría decir que gobierna “en la medida de lo posible”. Y la oposición tendría que entenderlo.

¿Por qué no mirar el espejo sin trampas y exigir a quienes pretenden gobernarnos que maduren? Para eso deberían ser las elecciones.

Comparte esta información...
Share on FacebookEmail this to someonePin on PinterestDigg thisPrint this pageTweet about this on Twitter

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *