Contrato único en el Estado: Demanda que fortalece la función pública y el bien común

23-de-julio-ait-620x400El movimiento de trabajadores y trabajadoras a honorarios, desde su preludio se ha planteado la necesidad de un Contrato Único en el Estado(1); esta demanda de carácter estratégico no ha sido abordada con la profundidad e importancia que merece; su significancia yace en el cuestionamiento al Estado capitalista y su Modelo Neoliberal; por dicha razón la Coordinadora Metropolitana de Trabajadores/as a Honorari@s ha tomado la iniciativa de levantar esta demanda puesto que va a la raíz del problema de la precariedad, la flexibilidad y la constitución de un modelo de explotación no solo laboral sino de todos los ámbitos de acción del Estado donde el Mercado ha penetrado destruyendo las bases y pilares de la sociedad y los derechos alcanzados durante años de lucha y trabajo del pueblo y sus organizaciones de clase.

El desmantelamiento de la función pública se inicia en Dictadura, específicamente desde el año 1978, con la instalación del Plan Laboral ideado por José Piñera por aquel entonces ministro de Economía, y que trajo consigo un nuevo Código Laboral, el Subcontrato y la mercantilización de los derechos como salud, educación, seguridad social, vivienda, etc. La instalación del Mercado en el Estado ha debilitado la función pública; no solo ha saqueado, sino que ha naturalizado la explotación y todo tipo de contubernio en función de intereses de los grupos de poder, la burguesía local y transnacional.

La expresión de esta devastación es variada y transita desde licitaciones de programas sociales a Fundaciones, Ong, Otec; la externalización de servicios a empresas subcontratistas; la contratación sin protección “Honorarios”, y un sinfín de tipos de contratos inventados que atentan directamente contra derechos sociales y laborales y con el normal desarrollo de la función pública. Por tanto, la precariedad laboral es una de esas gangrenas del capitalismo, un modo de externalización de las funciones públicas(2) que contribuyen al debilitamiento del Estado en función del Mercado, es decir una ecuación inversamente proporcional al bien común.

Otro elemento para considerar es la fragmentación de las organizaciones de funcionarios públicos, que divididos en múltiples gremios, (en la praxis la organización por esencia de la clase trabajadora debe ser el Sindicato); solo han fortalecido el Modelo sociopolítico y la competencia entre los propios trabajadores y trabajadoras; la pérdida de la solidaridad de clase ha campeado; del mismo modo el caudillismo, la burocracia y la corruptela de dirigentes han hecho su parte significativa en la contribución del desprestigio del rol de las y los trabajadores del Estado. Como suma de las partes y resultado de esta mutación, cada año se asiste a un escenario de movilizaciones que plantean demandas económicas de corto alcance, sin capacidad estratégica, sin componente de clase; luchas y movilizaciones un tanto asépticas, despolitizadas como si la precariedad laboral, los bajos salarios, la explotación no fuera una cuestión política sino más bien materia de más o menos voluntad del gobierno de turno, es decir una cuestión de tecnócratas.

La transformación del Estado trajo consigo precariedad laboral, por ende, la fragmentación de la organización de las y los trabajadores/as debilitando la función pública; de ese modo la cuestión es que la flexibilización laboral es un repliegue del Estado, (allí donde había Estado, hoy existe Mercado), de ahí la oportunidad artificiosa creada por el Mercado de introducirse en todos los rincones y dominar toda función pública y su quehacer administrativo, económico, político y social.

Exigir al Estado un Contrato Único para sus funcionarios y funcionarias tiene un carácter estratégico, No solo es materia reivindicativa, o asunto de estabilidad y reconocimiento de los derechos laborales; sino más bien tiene desafíos enormes; como por ejemplo recomponer la organización de la clase trabajadora, eso a su vez implica levantar sindicatos clasistas, potenciar y fortalecer la formación de dirigentes incorruptibles, terminar con el burocratismo y gremialismo de las organizaciones de trabajadores del sector público, desarrollar un sindicalismo íntegro, democrático y antipatriarcal; entre otras muchas tareas que fortalezcan la función pública y recompongan al Estado en todas sus dimensiones.

Del mismo modo la exigencia del Contrato Único nos coloca ante la obligación de rechazar la política de concesiones en tanto solo significa entregar la construcción de infraestructura estatal a empresas externas cuyo fin es el saqueo mediante contratos usureros de construcción y arriendo sin la menor responsabilidad social, puesto que dichos Contratos contemplan la externalización de servicios y el subcontrato que tienen como resultado la profundización de la flexibilidad laboral, la explotación y el abuso patronal.

Exigir Contrato Único tiene como objetivo además, dotar a los trabajadores/as de las condiciones y herramientas en tanto debe garantizar y velar por el bien común, la previsión y solución de los problemas de los habitantes del país; la función pública tiene que resguardar la integridad y vida de cada sujeto/a que así lo demande; en tanto bajo las condiciones actuales de precariedad laboral dicho supuesto no es posible de cumplir, puesto que sus funcionarios deben contar con las condiciones laborales para el desempeño de esa función. La abrumadora realidad del funcionario a honorarios desprovisto de toda protección cuestiona medularmente el rol que el Estado está cumpliendo con sus trabajadores/as y población general. Solo queda preguntar, ¿es posible cumplir con el cometido de garantizar el resguardo de los intereses y necesidades de todos los habitantes, en circunstancias que aquellos trabajadores que son parte del funcionamiento del Estado, no cuentan con los mínimos resguardos de sus derechos laborales?

Para concluir, demandamos Contrato Único porque simboliza combatir la precariedad y arrebatar de las manos del Mercado el negocio y la mercantilización del “Derecho al Trabajo Decente”. La figura de los trabajadores a honorarios es una parte constituyente del Estado capitalista neoliberal, modelo instalado en dictadura, consolidado y perpetuado en “Democracia”. Por esa razón adquiere tal relevancia la exigencia de un contrato único, terminar con la perversa figura de Contrata, (contrato a plazo fijo), colocar fin a los contratos por compra de servicios, a los contratos unipersonales, partime, a los convenios a Honorarios, etc.

Los Sindicatos y Trabajadores/as a Honorarios agrupados en la Coordinadora de Honorarios del Estado fijamos como Norte Estratégico la lucha por un Contrato Único para todos y todas los Funcionarios/as Públicos; necesitamos detener que funciones propias sean entregada a la voracidad y codicia del Mercado, y que sus trabajadores sean mano de obra arrojada al abismo y atropello de sus derechos fundamentales.

¡¡Ante la precariedad, honorarios a luchar!!

¡Contrato Único para las y los trabajadores del Estado, Ahora!

Resumen Latinoamericano / 23 de julio de 2018 / Madga Becerra

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