Charapo, la ciudad subterránea del inmigrante

Por Felipe Reyes.

En la ficción, el tema de la inmigración ha comenzado a pasos de tortuga a encontrar su reflejo en la narrativa local con apenas un par de obras que han dado cuenta sobre esta realidad. El joven escritor Pablo D. Sheng (Santiago, 1995) toma la posta con Charapo, una novela que nos introduce en el tránsito un peruano que se instala en Santiago.

Señalada como la piedra fundacional de la literatura chilena, La Araucana (1589), poema épico del español Alonso de Ercilla que relata la primera fase de la Guerra de Arauco entre españoles y mapuches, podría ser considerada, además, como la primera obra que da cuenta de la mirada de un extranjero en tierras nacionales. Registro testimonial al que posteriormente se sumarían obras como Cautiverio Feliz (1673), de Francisco Núñez de Pineda; Diez Años en la Araucanía 1889-1899, de Gustave Verniory; Memorias de un emigrante (1942), de Benedicto Chuaqui, o Visto y vivido en Chile (1975), de Luis Alberto Sánchez, por nombrar algunas de esas miradas forasteras que retrataron nuestras costumbres y modos de vida, pero también los vértices más oscuros de las contradicciones y miserias de nuestra identidad nacional.

Y todo indica que esto recién comienza. De acuerdo a estudios de la ONU, Chile es un destino cotizado, siendo el país de la región que mayor crecimiento migratorio experimentó desde comienzos de la década de los 90. De esta forma, el arribo a suelo nacional de extranjeros ha significado un importante cambio cultural aún en marcha en un país en que el color de la piel, el grosor de los labios, la altura, la forma de los ojos, pómulos, lo liso o rizado del pelo son algunos rasgos corporales característicos que señalan el origen, la clase social y las condiciones económicas y culturales de una persona, rasgos que muchas veces se acentúan y se “oscurecen” en el caso de hombres y mujeres que llegan a nuestro país buscando una mejor vida, de un mejor trabajo y educación para sus hijos.

Pese a esta nueva realidad, en la ficción el tema de la inmigración ha comenzado a pasos de tortuga a encontrar su reflejo en la narrativa local con apenas un par de obras que han dado cuenta sobre esta realidad y la dificultad que muchas veces significa el esfuerzo de moverse de un país a otro. Ahora, el joven escritor Pablo D. Sheng (Santiago, 1995) toma la posta con Charapo, una novela que nos introduce en el tránsito de Camacho, un peruano que se instala en Santiago buscándose la vida y se emplea en un negocio de coreanos en Patronato, a la vez que escruta los cités capitalinos, el hacinamiento  y la soledad, la prostitución del centro, la plaza de armas, la calle Recoleta, avenida La Paz, el cementerio general y el persistente recuerdo de una vida pasada.

Su singular título, Charapo,  nos remite a un peruanismo: charapo es el que viene de la selva, pero Camacho, el protagonista, viene de la sierra, y esa denominación, casi al pasar, casi como un apelativo despectivo, la dispara un compatriota suyo, Charles, con el que posteriormente tendrá serios problemas. Pablo D. Sheng devela sin un tono de denuncia las miserias y fracturas de una ciudad subterránea en la que tratan de construir su nueva vida los inmigrantes. Un trazado social muchas veces invisible a los ojos del atareado transeúnte que ignora la existencia del extranjero.

Sheng construye una novela que a través de una sintaxis lacónica, desprovista de sentimentalismos y digresiones, enumera los hechos y situaciones de un sujeto a la deriva que busca sobrevivir –con nada– a la adversidad y hostilidad de otros curiosos extranjeros con mejor suerte. De esta forma, la explotación y la precariedad laboral, la soledad y la incertidumbre, se posan sobre el protagonista que resiste estoico las barreras y las frágiles condiciones   – humanas e institucionales – de un país obnubilado con el espejismo de una supuesta modernidad, que no resiste la tentación de exprimir al más débil y desprotegido en busca de una mayor utilidad personal, como al inmigrante.

Fuente: Radio U Chile

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