Chacabucanos revivieron recuerdos en emotivo acto en teatro de la ex oficina salitrera

escrito por M.E.Vega
fachadaNo fueron pocos los que se transportaron en el tiempo y se vieron 40 años atrás en el viejo teatro de madera la ex oficina salitrera de Chacabuco presenciando sus propios espectáculos artísticos, aquellos que realizaban para ocupar sus largas horas libres y evitar que la angustia y la incertidumbre los dominara.

Pero la tarde del 23 de noviembre de 2013, quienes se reunían en el teatro, lo hacían en condiciones totalmente diferentes. Estaban en libertad, habían vuelto voluntariamente a la que había sido su prisión entre 1973 y 1974 y muchos de ellos, además, estaban con sus familias.

Ya horas antes, la jornada de reencuentro de los “chacabucanos” como se bautizaron a sí mismos, había tenido muchos ribetes emotivos. Viejos amigo y compañeros que no se veían hacía años, volvían a encontrarse y al fundirse en un largo y apretado abrazo, demostraban que los recuerdos estaban allí, dando vueltas por las callejuelas de Chacabuco y en cada rincón de las viejas casas que los albergaron.Active Image

Los abrazos, apretones de manos y el saludo cariñoso se multiplicaron. El grupo de penquistas, que viajó desde Concepción, conversaba animadamente. Allí estaban Rodrigo Medina, Iván Salazar, Jorge Chamorro, Eduardo Godoy, Dagoberto Reyes, Esnando Sanhueza, Pedro Henríquez, Gabriel Reyes, Heder Sanhueza…

Apenas se registraron en el acceso a la ex oficina salitrera, varios salieron a “reconocer” el lugar. No fue fácil. Cuarenta años habían dejado huellas y los puntos de referencia que les permitía ubicarse en el lugar -como la reja que los separaba de sus guardias- no estaban.

Por eso, al reunirse nuevamente en el antiguo teatro, la expectación era alta. En el escenario del recinto, Juan Fuentes, ex prisionero de Chacabuco,  y creador del grupo de teatro de Chacabuco, daba la bienvenida a sus compañeros y sus familias.

“Hoy nos convoca una jornada muy especial, cargada de sentimientos y emociones que se mezclan con los recuerdos e imágenes de una época negra de nuestra historia. Esta es una jornada que nace desde sus propios protagonistas. La Corporación Memoria  tuvo la iniciativa de realizar este encuentro en el mismo lugar donde hace 40 años se les privó de la libertad: Chacabuco, la misma que en julio de 1971, el presidente Allende declarara Monumento Histórico Nacional  y que es usada, a partir de noviembre de 1973, como el campo de detención más grande del país por la dictadura de Pinochet. Hoy, los chacabucanos junto a sus familias deciden regresar esta vez voluntariamente para reencontrarse con antiguos compañeros y recorrer juntos una vez este lugar, reencontrarse con estas paredes que en aquellos años contuvieron las lágrimas y el dolor por la detención forzada e injusta de que fueron víctimas. Se habla que cerca de 1.500 prisioneros pasaron por Chacabuco, muchos de ellos exiliados, sin jamás haber sido acusados de algún delito y sin haber pasado por un tribunal ni menos haber sido condenados. Con este acto queremos homenajear a los que llegaron a Chacabuco, a los que no pudieron estar acá y a los que ya partieron…”

La voz de Juan Fuentes fue llenando el espacio del teatro y emocionó a más de alguno. Fotos y registros de video fueron captando lo que sucedía en el escenario y alrededores.

Luego vinieron las palabras de Jorge Molina, presidente de la Corporación Museo del Salitre, quien recordó que de esta actividad se había empezado a hablar hace tres años, hasta que finalmente pudo concretarse. “Hoy la emoción ha inundado no solo las mentes sino también los corazones. Y por eso junto con decirles que esta fue su vivienda forzada, a cada uno de ustedes el desierto los impregnó… Que esta actividad pueda trascender para que cumpla la finalidad de educar a nuestras futuras generaciones…”

Junto con eso, hizo un importante anuncio: el proyecto de restauración de una vivienda que sirvió de albergue a los presos políticos de Chacabuco y otra que recuerde cómo vivieron las familias pampinas en los primeros años del siglo XX. Eso en el marco del Plan Maestro de Chacabuco. “La transversalidad de la Corporación me permite decir que esto lo hemos debatido y hay consenso en eso”, aseguró.

Esto quedó refrendado en el convenio de cooperación suscrito entre la Corporación Museo del Salitre y la Corporación Memoria Presos Políticos de Chacabuco, donde también se considera  la elaboración de un proyecto para establecer una Casa Museo de la Memoria, donde puedan exhibirse artesanías, materiales, escritos, dibujos, testimonios, etc. realizados por los prisioneros políticos; lo que se constituirá en un Centro de Interpretación de la Memoria de la presencia de Presos políticos en Chacabuco y de los Derechos Humanos.

Tras los aplausos que acogieron estos anuncios, Gabriel Reyes, presidente de la Corporación Memoria entregó un CD con la reproducción de la grabación clandestina que el reconocido artista chileno, Ángel Parra realizó en Chacabuco donde también estuvo prisionero, al alcalde de Sierra Gorda, José Guerrero, en agradecimiento por el apoyo entregado a la jornada de reencuentro.

“Somos memoria viva”

Emotivas fueron también las palabras de Gabriel Reyes, al dar la bienvenida a los chacabucanos y explicar el sentido de lo que allí se estaba viviendo.

“Estamos aquí nuevamente- partió señalando- Llegamos aquí otra vez después de 40 años, esta vez voluntariamente, acompañados de nuestras familias,  de nuestros amigos, para hacer este Acto de Memoria.

En Noviembre de 1973, un poco más de 700 compañeros provenientes del Estadio Nacional que viajaron por mar, aire y tierra “inauguraron”el más grande Campo de Concentración de la Dictadura Militar de Pinochet.

Este lugar, al medio del desierto, se fue llenando de  la geografía de nuestro país: Llegaron los de Valparaíso, los de Concepción, los de Colchagua, los de Linares…. los de Copiapó.

Este mismo lugar fue nuestra ciudad,  nuestro barrio,  nuestro hogar por más de un año, y fuimos nosotros mismos nuestro refugio y salvación,  anteponiendo nuestra humanidad y la legitimidad de nuestros sueños ante el odio y la irracionalidad de una dictadura que nos quiso muertos o al menos vencidos.

Hoy regresamos nuevamente. Venimos desde el sur, del norte, y hasta de países remotos donde algunos de nosotros echaron raíces, sin vuelta atrás. Regresamos, ahora sí, con la emoción de vernos las caras, con la certeza de que fuimos y somos parte de una historia colectiva, que no se la llevó el viento, que no pudo acallarse para siempre…”

Las palabras de Gabriel Reyes eran seguidas con especial atención, sobre todo por quienes acompañaban a los chacabucanos y que recién en ese momento empezaban a dimensionar lo que allí habían vivido sus seres queridos.

“Me preguntaba si será necesario contar aquí nuestra historia. Sin duda, quienes nos acompañan conocen la historia de sus parejas, de sus padres o abuelos,  y más que testigos, la mayoría formaron parte, para bien o para mal, de esta historia. Sin embargo, también es cierto que el dolor muchas veces se trasmutó en silencio, y la experiencia de represión se archivó en algunos de nosotros como una carga individual que era mejor no compartir ni siquiera con los nuestros, un poco por temor, un poco por amor, para alejar a nuestros seres queridos del sufrimiento.

¡Caramba que fue duro soñar, caramba que es duro recordar!”

Pero así como había momentos que era preferible olvidar, hubo otros que permitieron mantener a los prisioneros con alguna esperanza…

Y en sus palabras también lo destacó Gabriel Reyes: “… la memoria del campo de prisioneros de Chacabuco no es sólo lamento. Qué importante es que se conozca  la experiencia humana de la resistencia y la organización, como lección de humanidad, fuerza y solidaridad  por parte de quienes vivimos la prisión y la tortura.

Cómo olvidar los cantos, los shows  y el teatro de los domingos, la Olimpiada Deportiva, el Concurso de Poesía y la organización  que nos dimos para la vida en reclusión en el destruido escenario-comedor bajo este mismo sol, bajo las mismas estrellas salvadoras. Parte de esa vida tendremos la oportunidad de recrearla con los mismos compañeros cuya memoria permanece tan viva como en los duros momentos del encierro obligado. La historia del Consejo de Ancianos, el Policlínico, el Diario Mural, la Pulpería, el Correo, la Chingana y  la Universidad de Chacabuco son suficiente conocidas entre nosotros…”

Al finalizar su intervención, agradeció a todos quienes colaboraron y aportaron para que esta visita de rescate de la memoria, fuese posible.

Y como no todo iba a ser discursos y agradecimiento, se dio paso a las presentaciones artísticas. De los propios chacabucanos evocando momentos pasados.

Tato Ayress, en la guitarra y el canto y Jimmy Roa, con el saxofón, animaron la jornada. Tato Ayress venía de La Habana, donde sigue viviendo y antes de cantar dijo algunas palabras: “Tenemos que ver esta actividad como un encuentro de amistad, de futuro, hemos llorado, me emocionado mucho con el reencuentro con amigos, esto nos va a servir a todos…”

No fueron los únicos. Jacqueline Castro, hija de un ex chacabucano, subió al escenario y cantó “Gracias a la Vida”.  También hubo poesía y más música. La emoción seguía latente y los recuerdos se acentuaban…

Así, el viejo teatro de la ex oficina salitrera de Chacabuco y ex campo de prisioneros políticos durante la dictadura de Pinochet, se llenó de vida nuevamente y fue escenario, por varias horas, del testimonio viviente de la pertinaz memoria…

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