Centrales nucleares en Chile: La obligación de pensar

Por Rosario Puga

Los efectos del sismo sobre las centrales nucleares demuestran que el potencial de peligrosidad de los llamados “usos pacíficos” de la energía nuclear son imponderables y un fenómeno natural sin precedente lo dejo demostrado.

Habrá quienes vean como una dramática señal lo que está pasando con las plantas nucleares en Japón después del terremoto que afectara a la zona norte del país.

Algunos dirán que es una paradoja, que el único país que fue víctima de los efectos del uso de la energía nuclear con fines bélicos deba enfrentar un holocausto nuclear ante el colapso de sus propias centrales después de una catástrofe natural .

Podemos compadecerlos, y considerar que la naturaleza es caprichosa, que los efectos de los cambios geológicos ponen en jaque incluso a las naciones más desarrolladas.

Pero tenemos la obligación de pensar.

Sin duda los promotores de este tipo de energía tendrán muchos argumentos técnicos para justificar las fallas que tienen a Japón y a toda la región inserta en una catástrofe cuyos efectos pueden cambiar la historia de comunidades completas durante varias generaciones.

Pero todos sabemos que no estamos sólo ante la falla de un sistema de seguridad, lo que vivimos tiene que ver con la liberación de un tipo de energía que no controlamos , no de manera absoluta. Cuyos usos no son, ni serán seguros ya que la liberación de radioactividad afecta de manera decisiva a toda forma de vida.

Hay otros países que como Japón han implementado centrales cercanas a sus ciudades y consideran que han resuelto de la mejor manera sus necesidades energéticas. Incluso pueden decir que se trata de una energía limpia. Cabe preguntarse si el uso de este tipo de energía puede adaptarse a un período de inestabilidad ambiental, marcada por fenómenos naturales extremos.

Esa simple pregunta debe llevar a un análisis costo / beneficio diferente al económico. Debe evaluarse el potencial de riesgo en función de lo que nos enseño Hiroshima, Nagasaki y Chernobyl.

No podemos olvidar que cualquier fuga radioactiva puede significar una contaminación de suelo que actuara sobre las poblaciones y ecosistemas por décadas. Que el mayor miedo que tiene la población japonesa en estos momentos es que la nube toxica que produjo la explosión de la central de Fukushima-Daiichi produzca contaminación por vía aérea.

Tenemos la obligación de pensar en los miles de sobrevivientes del terremoto que a esta hora deben someterse a un detector de radioactividad para definir su futuro. Porque es un hecho que a los devastadores efectos del sismo se suma otro tipo de peligro relacionado con el uso de este tipo de energía en un país telúrico, y de una gestión de las plantas nucleares sobre la que la ciudadanía japonesa no tiene mayor conocimiento.

Después de esta tragedia no se trata sólo de garantizar que la energía nuclear tenga usos pacíficos, se trata de debatir sobre los efectos de un sistema de generación de energía que demostró ser falible y estar sujeta a una predicción de los riesgos que la propia naturaleza puede burlar.

En el caso de nuestro país el debate se relaciona con la búsqueda de diversificación de la matriz energética. Una discusión en la que no se han medido los costos sociales y ambientales. Un tema donde el mundo político ha actuado de modo concertado para imponer decisiones en nombre del desarrollo y a favor de intereses corporativos. Sin embargo a la hora de promover en un país sísmico el uso de la energía nuclear habrá que recordar lo que nos enseña el terremoto de Japón.

Tendremos la obligación de pensar en todo esto cuando los grupos interesados planifiquen estrategias para que la alarma pública pase y después nos quieran convencer de que no es peligroso.

Albert Einstein afirmaba que estos progresos se han vuelto un arma peligrosa, que nos han dado formas de destruirnos, también tenemos que pensar en eso.

Comparte esta información...
Share on FacebookEmail this to someonePin on PinterestDigg thisPrint this pageTweet about this on Twitter

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *