Canibalismo desleal

Por Wilson Tapia Villalobos

Porque hubo un canibalismo leal. Era aquel que obedecía a creencias ancestrales y el personaje devorado era honrado por el devorador, en una ceremonia en que agradecía a su víctima las potencialidades que le traspasaría. Mirado desde el siglo XXI, parece la atrocidad que es, pero cuando se practicaba tenía sentido de devoción, de reconocimiento. Era leal a la moralidad y ética imperantes. Hoy se condenan tales prácticas, pero se utilizan cuando parece necesario hacer desaparecer a un enemigo que, hasta pocos instantes antes, era aliado. Estoy hablando de política, de negocios, de lo que hoy vivimos en esta sociedad del dinero a la que hemos llegado. Y me refiero a ese deglutir egos para dejar al otro sin el corazón de antaño, que hoy se mide en las encuestas o en el poder que se es capaz de ejercer.

El canibalismo 2.0 es el que se practica en la sociedad actual y que hoy está tan en boga en Chile. Es lo que vemos en este “disparen sobre Michelle” que nace entre los miembros de su propia coalición. Que no hay que confundir con la crítica justa a los errores de la presidenta, que los ha cometido y graves, sino ese descalificarla como líder para llegar luego a anular sus aspiraciones, también justas, de cumplir con la palabra empeñada cuando era candidata a la presidencia y que plasmó en un programa. Lo que está en juego, en realidad, son las reformas. Y en eso, es necesario reconocer que la presidenta es más leal que algunos de sus seguidores, colaboradores y amigos. Por lo menos con las promesas que hace y asumiendo los costos que tiene que pagar para cumplir.

Para entrar en el molesto campo de las deslealtades, basta con comenzar por hechos cercanos. El presidente de la Democracia Cristiana (DC), senador Jorge Pizarro, la descalificó. Señaló que le parecía que estaba confundida. Cuando un líder está confundido, no puede dirigir nada y es necesario cambiarlo. Si pensaba que ese era el caso de Michelle Bachelet, Pizarro debería haber tratado los desvaríos de la mandataria buscando una solución. Posiblemente de manera cuidadosa, sobre todo por el momento que vive en Chile la política y sus realizadores. Jamás lanzar ese comentario que él sabía -y por eso lo hizo- solo serviría para restar méritos a la conductora y que sería un elemento más para destrozarla en los medios. Y, luego, vino una especie de disculpa, en la que dijo que, tal vez, él se había confundido. Todo dicho con una media sonrisa. Para no formarse una idea demasiado errada de Pizarro, es necesario aclarar que esta es una de las intervenciones políticas más destacadas que se le conocen.

Otro aporte sustancial lo hizo Ernesto Velasco, presidente del Partido Radical (PR). En entrevista concedida a El Mercurio, sostuvo que lo único que mantenía unidos a los socios de la Nueva Mayoría era que estaban en el Gobierno. Una manera bastante clara de definir el ejercicio político como una faena destinada a lograr utilidades económicas y de poder, en general. Muy lejana, claro, de la definición tradicional de política, que hablaba “del Arte de hacer posible la vida en sociedad”. Pero para eso es necesario tener una visión solidaria y lejana al interés pecuniario y egoísta. Es posible que ese sea un detalle que haya pasado por alto el mandamás de la colectividad más pequeña de la alianza gubernamental. Como también es posible que desconozca los beneficios de la mesura en los análisis políticos. De vez en cuando más beneficioso que criticar, es conveniente analizar los aportes que se hacen. Y el PR esta vez ha pecado de ausencia en materias que antaño lo caracterizaron. Como la educación, área en que hoy Velasco y su colectividad han mantenido un silencio solo comprensible por la desvalorización del PR y su dirigencia.

Y para terminar, otro canto al canibalismo. Pero este tiene el agregado de la alevosía. Aprovechando la ausencia de Bachelet, el ex presidente Ricardo Lagos llegó hasta La Moneda. Su declarada intención: saludar al amigo Jorge Burgos, actual ministro del Interior. El momento no podía ser más especial. La presidenta se encontraba de gira por América Central y Burgos ocupaba el cargo de jefe del Estado, como Vicepresidente. Además, el encuentro se producía cuando la política chilena giraba en torno a la manera de llevar a cabo las reformas pendientes. Burgos, democratacristiano, intenta morigerar el alcance y la profundidad de éstas. Y Lagos está en la misma sintonía desde su mirada socialdemócrata afín a Tony Blair y su Tercera Vía. Una apertura con escasa decencia de la antigua mirada socialista hacía la política neoliberal.

Algo similar fue lo que hizo otro connotado socialista, el ex secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza. Tal vez a Lagos y a Insulza los muevan intereses algo diferentes. Al primero, quizás sus aires octogenarios lo llamen a buscar nuevamente la banda presidencial. Y si para eso es bueno llegar a las prácticas canibalistas, qué más da. En cuanto a Insulza, sus pretensiones pueden ser hacerse nuevamente un segundo de a bordo y desde allí influir para que…..en la próxima vuelta.

Lo concreto, Bachelet ha sufrido las consecuencias. Sus reformas son rechazadas -como todas las reformas- por los conservadores de siempre y otros que olvidan que antes querían avanzar, pero el poder los frenó. Porque ni Lagos ni Insulza pueden desconocer que Chile sigue siendo uno de los países más atrasados en cuanto al reparto de la riqueza. Eso hacía necesario una reforma tributaria. Tampoco ignoran que la educación que se imparte aquí es un elemento que ahonda la segregación.

Seguramente habrá quienes sostengan que lo que llamo canibalismo no es más que una de las características que distinguen a la política. No creo que tengan razón, pero ese sería un elemento más para tratar de cambiar el sistema que hoy no rige. Hacerlo de manera profunda, rescatando los elementos de humanidad que debieran acompañar a aquellos que dirigen o aspiran a hacerlo en el futuro.

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