Brasil: Empezó el partido y el resultado será ajustado

Lo que hace pocos días se daba como seguro ya no lo es tanto: tras las masivas marchas contra Dilma, Lula y el PT el 13 de marzo, se creó la imagen de que el gobierno sufriría una derrota aplastante en la votación de un impeachment de la presidenta en el Congreso. Las cosas cambiaron, estima la columnista Tereza Cruvinel, una de las periodistas mejor informadas de Brasil. Los errores de los abanderados de la destitución de Dilma -entre ellos el vicepresidente Michel Temer y el juez Sergio Moro- contribuyeron a que el gobierno esté en una situación más confortable, dedicado a sustituir al PMDB en la coalición oficialista, y arremangado negociando votos contra el impeachment entre los integrantes del “bajo clero” de la Cámara de Diputados. Ni gobierno ni oposición tienen certezas absolutas de quiénes están a favor de qué causa, y a ese paso aumenta la importancia del Supremo Tribunal Federal como última instancia para dirimir lo que más importa: si Dilma merece ser impedida por haber convalidado maniobras fiscales que ya habían practicado varios gobiernos antes que el suyo.

Por Tereza Cruvinel
El partido para apartar a Dilma Rousseff fue meticulosamente armado, pero no todo está saliendo como se pensaba. Ayer en la comisión de impeachment hubo un toque de farsa: el redactor Jovair Arantes dio su opinión favorable a la apertura del impeachment por “indicios de atentado contra la Constitución”, pero ya se esperaba que diría eso.

En realidad, el resultado final está indefinido. Hace semanas se daba como segura una aplastante derrota del gobierno, mientras que ahora -si bien en la comisión de impeachment Dilma parece estar en desventaja-, la correlación de fuerzas en el plenario será otra, y se está volviendo favorable al gobierno. En rigor, el miércoles (6) ni los oficialistas ni sus adversarios tenían un diagnóstico seguro sobre el resultado de la votación del lunes (11) en la comisión de impeachment.

La política suele compararse con un partido porque está sujeta a los imponderables que se desprenden de los errores de los atletas. En este, algunos errores terminaron favoreciendo al gobierno, aunque el factor esencial fue el despertar de la conciencia democrática del país, que transborda en mucho el universo tímido de los defensores de Dilma y el PT.

En las últimas semanas el eslogan “no habrá golpe” ganó mentes y corazones; se fue creando la percepción de que Dilma no está acusada de improbidad o cualquier delito moral, salvo haber cometido irregularidades técnicas que están lejos de representar un atentado contra la Constitución. Emitió decreetos reasignando recursos para atender a algunos órganos sin autorización del Congreso, según autoriza la ley presupuestaria. La otra acusación es de haberse valido de recursos de los bancos estatales para pagar gastos sociales, una práctica usual en gobiernos anteriores, si bien en volúmenes menores. Pero en la esencia fue la misma práctica de sus antecesores. En la medida en que las razones fueron quedando claras, quienes estaban inhibidos por la avanlancha de acusaciones y por el terror del Lava Jato fueron a las calles a expresar su apego por la observancia de las reglas del juego democrático y gritar “no habrá golpe”.

A lo anterior se suman los errores de los actores pro-impeachment, que contribuyeron al cambio de aires y pecaron por exceso de autoconfianza, a saber:

1. Temer y el PMDB. Se confirma que el PMDB fue “precipitado y burro” al romper con el gobierno, como dijo Renan Calheiros, con la instalación de una comisión para analizar el pedido de impeachment del vicepresidente Michel Temer. A disgusto y presionado por una decisión de la Corte Suprema, el presidente de la Cámara Eduardo Cunha convocó a los líderes partidarios a que propongan miembros para la comisión. EL ala del PMDB que apostó por romper con el gobierno creyó que Temer sumaría apoyos a su eventual gobierno, pero no fue así. Los ministros del PMDB en el gobierno no abandonaron sus cargos, con excepción de Henrique Alves, y una parte de los diputados votarán contra el impeachment esperando seguir formando parte del gobierno en caso de una victoria de Planalto. Abierto el espacio tras la salida del PMDB, surgieron candidatos a ocuparlo como el PP, el PSD y el PR.

2. Moro y el Lava Jato – El día en que el golpe en forma de impeachment fue más tangible fue el domingo 13 de marzo, en que millares salieron a las calles contra Dilma, Lula y el PT.  Aquel combustible fue propiciado por el juez Sergio Moro con la divulgación ilegal de un audio ilegal de una charla entre Dilma y Lula. A continuación surgió el alarido de la oposición y de los medios sobre el supuesto blindaje de Lula con su nombramiento como ministro Jefe de Gabinete para evitar una prisión preventiva. Hasta hoy Lula no es ministro por un amparo concedido a los opositores PSDB y PPS, pero los vientos comienzan a cambiar. La conciencia jurídica se indignó con la partidización del acto de un juez en posición estratégica, la conciencia democrática fue provocada y reaccionó. El día 31 hubo manifestaciones contra el golpe y a favor de la democracia en todo en país.

De ahí en más el juego se trasladó al Congreso. El gobierno -pasado el susto de la salida del PMDB y liberado de los compromisos con el aliado dudoso-, salió a negociar con los otros partidos del “bajo clero” del Congreso, despidió a la gente del PMDB recomendada por Temer y salió a la caza de nuevos socios, en fin, se arremangó.

Antes de llegar al plenario para la votación del impeachment, habrá con certeza un recurso de la corte suprema contra el parecer de la comisión de impeachment.

Habrá llegado para el Supremo Tribunal Federal la hora de lidiar con la crisis en el papel de guardián institucional, cambiando el temos de la interferencia excesiva por el arbitraje sobre la caracterización o no del crimen de responsabilidad que determina si hay razones para el impeachment.

Fuente: BRASIL 247

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