Benjamín Chau Machuca: un hombre que buscaba humanizar la vida

Hubo lágrimas, muchos recuerdos, pero también risas y cantos. Y abrazos. No podía ser de otra forma. Fue la huella que dejó en quienes lo conocieron, compartieron su amistad o trabajaron con él, la que estuvo presente en la despedida de Benjamín Chau Machuca, director del Centro Cultural y Comunitario Pabellón 83 de Lota, fallecido sorpresivamente la noche del jueves 4 de septiembre en Concepción.

Tanto en la Capilla Profeta Isaías -ubicada a escasos metros de donde vivía, en el sector Los Lirios- como en el cementerio Parque del Sendero, camino a Penco, las expresiones de afecto y de tristeza se sucedieron. También los testimonios que abarcaron desde los recuerdos más personales, a los otros, los de quienes compartieron ideales políticos o el quehacer laboral de Benjamín Chau (61) y su compromiso con la cultura y el patrimonio de Lota.

Luego de un breve responso, Nelson Méndez, amigo personal de Benjamín Chau, invitó a los asistentes a compartir sus vivencias, en nombre de los amigos y la familia, Yutta, su mujer, sus hijos Miguel y Diego y sus hermanos, Germán, Genaro y Alberto.

Ester Hernández habló de los tiempos en que con Benjamín trabajaban en el Departamento de Comunicación Social del Arzobispado de Concepción, hasta donde llegó gracias al sacerdote Enrique Moreno.

“El cura amigo Enrique Moreno Laval, lo invitó a participar en comunicaciones del Arzobispado en los programas de radio que hacíamos en ese tiempo de oscuridad. El, con su entusiasmo, grababa, hacía las entrevistas, curioseaba y llegaba con las noticias de tanto horror y hacía programas como “Testimonio” que iba en la radio Talcahuano y en la radio Almirante Latorre del mismo puerto. En ese tiempo se grababa en una sala chica y en unas cintas grandes que se iban a dejar a las radios. Él Chino, como le decíamos, vivía en Medio Camino, todos le conocían en la Casa Azul, la biblioteca, las ollas comunes, los comedores populares, en las agrupaciones de derechos humanos…”

De los tiempos oscuros de la dictadura, de su compromiso de vida, habló precisamente Enrique Moreno, quien a través de un texto que hizo llegar a Ricardo Hermosilla, estuvo presente en la despedida del amigo entrañable.

Previo a ello, Hermosilla contó que con Benjamín se conocían hace más de 35 años, que fueron amigos, hermanos, compañeros y compadres… “Lloramos y reímos juntos, hasta nos peleamos y nos reconciliamos. Fue un amigo común el que permitió que nos conociéramos, Enrique Moreno, quien envió una especie de carta que habla de su vida…”

En ese texto y transmitiendo una intensa emoción, Enrique Moreno cuenta que conoció a Benjamín en los finales de los ‘60, cuando era un adolescente y aún estaba en el liceo, en la población Joao Goulart de Santiago.

“En los tiempos de la dictadura fuiste perseguido como tantos que preferían arriesgar la vida antes de quedarse indiferentes mirando desde su lugar tranquilo el paso de la historia. Fuiste detenido en una intersección de la calle Esmeralda, en Santiago, y desde luego maltratado, vejado, torturado. No atinaron tus guardianes qué más hacer contigo y un día saliste en libertad para empezar a recorrer el país, Concepción, el mundo, aprendiendo de la vida, creciendo en madurez, creando familia, pero con la vista siempre puesta en el regreso a la patria tuya y nuestra, donde ciertamente habría un lugar para ti desde donde simplemente servir…”

Y así fue. Cuando la represión recrudeció y las puertas se cerraban, Benjamín tomó la compleja decisión de partir a Suiza, a comienzos de 1985, desde donde siguió muy de cerca lo que ocurría en su “Chilito”, como acostumbraba a decir a quienes se comunicaron con él vía cartas. Los primeros días de diciembre de 1989, regresó porque no quería perderse el proceso que se estaba gestando con las primeras elecciones presidenciales y parlamentarias, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Porque si bien era crítico de lo que estaba ocurriendo, quería ser testigo…

Y volvió… Fue parte activa de la Fundación Cepas, participando en su directorio y con un intenso trabajo social y cultural que lo llevaría, el año 2003 a convertirse en director del Centro Comunitario y Cultural Pabellón 83, de Lota.

De ese momento, habló Cecilia Cerda, de la Empresa Nacional del Carbón, Enacar, que entregó el pabellón a la Fundación Cepas.

“Enacar buscaba una institución que se hiciera cargo del pabellón 83 que tenía características especiales y la empresa deseaba que se convirtiera en un centro cultural. Fue así como el 2003 nació esta amistad con el Chino. Desde que Benjamín conoció al pabellón, no sé si se enamoró de esta vieja construcción o era el pabellón que esperaba a Benjamin para habitarlo… Lo cierto es que todo lo que hizo por la cultura y rescate del patrimonio es conocido y reconocido especialmente por los jóvenes y artistas. Era un hombre bueno, de una sonrisa fácil, un soñador que nunca claudicó. Benjamín, dejaste una huella profunda y será muy difícil ir al pabellón y no encontrar tu sonrisa…”

La pasión, el entusiasmo, las ganas que ponía para que todo resultara bien, más de alguna vez le provocaron “una rabieta” como más de alguien recordó también, la que pronto se transformaba en sonrisa cuando un nuevo proyecto atrapaba su mente y concentraba sus energías.

En eso estaba, cuando su corazón se detuvo para siempre. Lo recordó Enrique Moreno en sus palabras.

“Me dicen que hasta el momento de tu muerte andabas afanado repartiendo ejemplares de “El hombre imaginario”, el famoso poema de Parra, Nicanor. No imaginaste ciertamente que sería tu última travesía por Lota y Coronel. Echaremos de menos tu sonrisa espontánea y cariñosa, con tus ojos achinados, que no podían ser de otra manera. Pero sobre todo extrañaremos tu condición humana, tu calidad de hombre bueno, siempre disponible para el servicio, siempre atento para colaborar en lo que fuera necesario, siempre dando ánimos cuando había que poner, al mal tiempo buena cara; esforzándote simplemente por humanizar la vida…”

Las lágrimas y el canto se mezclaron para seguir dando vida a los testimonios que brotaban espontáneos…

De la Sociedad Mutualista Bautista van Schouwen habló un representante quien hizo ver que “no se puede asociar al Chino con la tristeza ni con el dolor. Nosotros quedamos con dolor y no nos resignamos a su partida y nos duele que se vaya así, no solo porque lo queríamos mucho y nos contagiaba su alegría, sino porque perdemos a alguien que se entregaba con amor a los demás. El irradiaba amor, era de piel, abrazaba, tocaba, bailaba. Nos deja el dolor de que lo que él estaba brindando, los granos de arena que aportaba para un mundo mejor, no van a estar. Nos va a hacer falta el Chino Chau, pero no lloremos, riamos y cantemos. A él le calza bien una frase de un luchador de la resistencia antinazi que cuando lo iban a matar dijo: he vivido con la alegría, por la alegría he ido al combate y por la alegría muero, no quiero que el ángel de la tristeza sea unido a mi nombre…”

Desde la capilla al cementerio, camino a Penco, salió el cortejo. Detrás del auto blanco que llevaba su ataúd, una fila de vehículos, muchos de los cuales elevaban al viento la bandera del MIR, movimiento al que perteneció desde muy joven…

Ya en el camposanto, las palabras de agradecimiento y recuerdo, se multiplicaron. Como las de Mario Cabrera, presidente de la Fundación Cepas, quien con gran emoción agradeció a la familia por haber permitido que el viernes, sus restos fuesen velados en su casa, el Pabellón 83, que durante toda la tarde estuvo lleno de personas que quisieron despedirse y expresarle su gratitud.

“Lo que pasó en Lota fue sorprendente. El pueblo salió a acompañarlo, con batucadas, con aplausos, con canciones, el micrófono no paró desde que llegamos a las 13:00 hasta que salimos a las 20:00…”, fue lo primero que dijo Mario Cabrera. Luego, al querer expresar algo distinto a todo lo que ya se había señalado, dijo no tener palabras.

“Todos dijeron lo que había que decir y por eso empecé a hacer un ranking, para ver cuál palabra o expresión le habría gustado más a Benja y me di cuenta que la que más usaba era compañero; a cada rato, con el beso en la frente, con los dos besos en la mejilla para los hombres, era una palabra que le gustaba mucho… Recuerdo eso como enseñanza, la resignificación de esa palabra que la tomó en su quehacer político en el MIR. Todos los días lavaba esta palabra en la batea y se la regalaba a cada uno de nosotros. Ayer (viernes) nos llamaron de la presidencia, y no fue un tercero, fue la presidenta Michelle Bachelet la que llamó para dar sus condolencias, fue por la repercusión que tuvo su acción cultural, que llegó a La Moneda y a todas partes….No sé qué vamos a hacer sin ti…”, dijo con voz quebrada al finalizar sus palabras.

En nombre de su familia, habló uno de sus hermanos, Germán, quien con la misma sonrisa de Benjamín y hasta un tono de voz muy parecido, impresionó a más de alguien que lo escuchaba.

“Lo conozco hace 61 años“, fue lo primero que dijo, sacando más de alguna risa.

“Todo lo que se ha dicho en estos días refleja lo que fue Benjamín, no vamos a agregar más. Pero pensaba que si había algo que Benjamín hacía con convicción era el concurso “Me lo contaron mis viejos” y ¿qué pasaría si los que decimos quererlo, haber compartido con él, aportáramos un recuerdo, un dato, para que siga con nosotros? Sería como un justo homenaje…“

“Alguna vez con Benjamín, mientras compartíamos una botellita y un paté lotino, conversamos sobre nuestras historias, sobre cómo la pasamos y descubrimos que dentro de lo que habíamos aprendido era no temerle a la muerte, porque la muerte es un hecho más de la vida. Y coincidimos en eso, en que nuestra forma de expresarlo se resume en lo siguiente: “Nada sé de la muerte, me interesa la vida; aunque sea solo un instante de dolor desmedido, este paso por el mundo; quiero solo lo justo, para eso he vivido, para eso he nacido…”

Por M.Eliana Vega
TBB

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