Arte y Cultura desde el Bío Bío Muestra de Video-Arte en Balmaceda Arte Joven

El video arte ocupa un lugar extraño en el contexto de las artes visuales o audiovisuales, la extrañeza tiene que ver no sólo con el soporte (magnético al principio, digital, hoy), sino con la narrativa que lo sustenta.

En efecto, el video-arte es un lenguaje audiovisual, característica que lo emparenta con el cine y la televisión, empero su característica principal tiene que ver con el quiebre que establece a nivel narrativo-discursivo con éstos; la especificidad del video-arte está en su lenguaje, el cual sin estar normalizado (en el sentido de normatividad compartida por un universo significativo de sus creadores) o estandarizado, comporta ciertas cualidades que lo distinguen, esta distinción ocurre en dos niveles, identidad en cuanto autorreconocimiento e identidad en términos de diferencia con los otros lenguajes audiovisuales.

Autorreconocimiento no es autorreferencia (aunque no la excluye), sino más bien afirmación de un perfil propio sustentado en las posibilidades de manipulación electrónica de la imagen y la libertad significante en cuanto no está atado a una narrativa (verosímil fílmico) determinada.

El video-arte en Chile inicia su desarrollo a fines de los ’70 del siglo pasado, mediante los trabajos del CADA (Colectivo de Acciones de Arte), particularmente Lotty Rossenfeld y Carlos Altamirano (el artista, claro), también incursionaría en este formato, por aquellos años el artista visual Eugenio Dittborn, aunque existía un precedente, el chileno Juan Downey, quien comenzó a experimentar con el video-arte alrededor del año 1968, aunque desarrolló la totalidad de su obra en el extranjero, no obstante su influencia se hizo sentir claramente, por lo menos hasta los años ’90.

Hubo también, por aquellos años, un impulso que provenía fundamentalmente de lo que fueron los festivales franco-chilenos de video-arte, el cual otorgaba algún grado de sustento institucional a estas manifestaciones que, sin ser masivas (tampoco estaba dentro de sus pretensiones), no dejaban de sumar creadores. Empero, el fin de la dictadura (al menos nominalmente), el término de los festivales aludidos y la masificación de las nuevas tecnologías informáticas trajeron aparejados una abrupta caída en la creación y creadores en este formato.

En efecto, una de las características de la creación videoartística decía relación con el cuestionamiento político al régimen dictatorial, junto a los contenidos artísticos intrínsecos, estaba la posición política asumida en términos éticos y estéticos (aunque nunca, al menos en términos mayoritarios, lo artístico estuvo supeditado a lo político) por los creadores, desaparecido el contexto represivo, el sustento discursivo necesariamente debía cambiar o readecuarse; por otro lado, sin el apoyo –que no era sólo de difusión- y el marco propiciado por el festival aludido, muchos videoartistas se sintieron en la orfandad y emigraron a otros canales creativos, muchos de ellos, además de otros emergentes, derivaron en el boom de lo que se conoció como el net-art o arte ligado a las tecnologías informáticas.

Hoy, a casi treinta años de aquellas iniciativas pioneras, vuelven a posicionarse, de la mano de colectivos autogestionados o por iniciativas individuales o mediante algunos apoyos institucionales (universidades o corporaciones como Balmaceda Arte-Joven), trabajos o manifestaciones que tienen en el video el soporte privilegiado de expresión artística.

Esto quedó de manifiesto con la muestra de video-arte realizado el día martes 24 de noviembre en la sede Concepción del Balmaceda Arte-Joven. Tal como ellos mismo explicitan: “La intención es dar visibilidad a este soporte (el video-arte) desde dos convocatorias recientes: la de N200 quienes realizaron a comienzos de este año un llamado a los artistas jóvenes nacionales a difundir su trabajo bajo la premisa ‘quién emerge y quién cura’, y por otra parte la de los trabajos en formato video seleccionados por el concurso universitario de arte joven, organizado por Balmaceda Arte-Joven y la Universidad Mayor.

La selección que presentamos fue realizada por el equipo de N200 quienes gestionan la galería Espacio Cellar en Santiago, integran el colectivo No Más Clavos, y gestionan el sitio web arte en línea, junto a Ximena Zomosa directora Galería Balmaceda Arte-Joven, Santiago”. Hubo también un diálogo con integrantes del colectivo No Más Clavos y los artistas José Pedreros y Luis Hermosilla. Entre otros, se pudieron ver los siguientes títulos:

Vandam de la Galería Daniel Morón
Guía sin Guía de Felipe Weason
Carnada e Instrucciones de Uso de José Pedreros
Tea Cup de Loreto Riveros
Montaje Simultáneo de Paulina Mellado
115 eces y más de Adriana Ravanal
Vórtice de Marcelo Fica
Franjas de Luis Hermosilla

Una muestra heterogénea y de calidad dispareja, sin embargo desde esa diversidad puede apreciarse un potencial que permite abrigar esperanzas en una revitalización de este formato artístico que, a partir de los ilustres predecesores que nombrábamos, se desarrolla en las nuevas generaciones de artistas, una generación joven para un arte joven.

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