Ariel Sharon y las raíces del terrorismo moderno

Por Juan Francisco Coloane / ARGENPRESS

El recientemente fallecido líder de Israel, Ariel Sharon, pasará a la historia como el político y el militar que le dio una de las lecturas más precisas a las posibilidades de la guerra fría, inaugurando el terrorismo moderno como política de estado.

Puede haber otros personajes que influyeron para que el terrorismo constituya política de estado no escrita y no pactada. Sin embargo Ariel Sharon lo implementó sin seminarios ni complicados ejercicios académicos; simplemente lo implementó para defender los intereses de Israel. Muy cuestionable dirán muchos, sin embargo para el agricultor convertido en político y militar, – en una tradición cercana a la formación de castas en el oriente, India en particular; de la tierra al fusil – el objetivo político abría todas las posibilidades, inclusive el que amenazaba los límites éticos. En este sentido, con él se sabía a qué atenerse y eso era su mérito esencial.

Ariel Sharon amenazó con acabar con el líder palestino Ahmed Yassin, el mismo día en que asumió el poder (2001-2006), y señaló que lo mismo haría con Arafat. La recordada revista “Revue du Liban”, informaba al respecto en sus titulares el 8 de febrero de 2003: “Sharon, una victoria de repercusiones peligrosas, que atenta contra la paz en el Medio Oriente”. El Primer Ministro israelí Ariel Sharon había sido reelegido y se sabía que supervisó personalmente la operación que resultó en el asesinato del líder de Hamas, Ahmed Yassin.

Sharon sentó las bases del terrorismo de estado moderno con un foco muy enraizado en su conducta política: La protección del estado de Israel a toda costa. El caso Palestino expresa el núcleo de esta filosofía política. Al no constituir un estado con dominio territorial especificado, y sobre el cuál permanece una disputa, el territorio Palestino ha sido atacado por Israel en forma aleatoria, debido a la noción israelí de que al atacar cualquier zona donde haya palestinos se podrán encontrar blancos terroristas. En eso consistió uno de los componentes de la doctrina Sharon.

Ese mismo 2003, cuando la invasión a Irak era inminente, 20 días más tarde, Sharon que gobernaba desde 2001, vencía en una elección para continuar como primer ministro con una votación no contundente que lo obligaba a negociar una mayoría en el parlamento. El partido laborista de Amram Mitzna, heredero político de las posturas más conciliadoras de Isaac Rabin y Shimon Peres, se rehusó a formar un gobierno de unidad nacional y Ariel Sharon se vio obligado a formar una mayoría con la centro-derecha. Pese a la resistencia, Sharon obtiene el beneplácito del resto del liderazgo Israelí para enfrentar con más violencia una generación de líderes palestinos más radicalizados, donde Ahmed Yassin ocupaba un rol importante.

La lógica de Sharon fue contundente. Tenía el aval de las potencias occidentales que históricamente prevaleció desde que se funda el moderno Estado de Israel. Antes de 1947, Palestina no aparecía establecida como una nación y adquirió ese ribete una vez que Israel comienza a existir como estado Hay que recordar que la visión de que “Palestina nunca fue estado”, era sustentada por Naciones Unidas, organismo que facilitó el camino para fundar el estado de Israel. Ni en el más negativo de los pronósticos se pudo anticipar que se iniciaba un itinerario de tragedias. Tampoco se advirtió, curiosamente, que la existencia de Israel como estado y la no existencia de un estado Palestino, no resultaría en la gran amenaza a los equilibrios entre los dos poderes de la guerra fría, la URSS y EEUU. Se produjo un consenso tácito entre estas dos potencias: podremos diferir en todo menos respecto a la protección de Israel. En el momento, la zona estaba bajo la tutela británica y dichas fuerzas aceleran su salida por las presiones de grupos terroristas judíos como Irgun, Stern Gang y Haganah.

Israel, por un mandato de la ONU, expulsa a más de la mitad de la población, una mayoría de árabes y musulmanes que ocupaban las cuatro quintas partes del territorio. Harry Truman, el presidente de los EEUU, reconoce al estado de Israel que se proclama el 14 de mayo de 1948 con la oposición de su secretario de Estado George Marshall, que renuncia señalando que Truman actuó precipitadamente por razones políticas internas. Los árabes protestaron con violencia y el belicismo en torno a esta situación continuó sin tregua hasta hoy. El nuevo Estado, si bien era una aspiración histórica de un pueblo judío repartido, también incubaba las raíces de un modelo de terrorismo moderno en el mundo, del cual Ariel Sharon fue un artífice en incorporarlo como política de estado.

Para Sharon nunca hubo diferencias entre miembros del PLO moderados y extremistas. Para él en la base del PLO son todos potenciales terroristas y había que erradicarlos y con esa filosofía justificaba el terrorismo de estado que se practicaba con los palestinos. La línea divisoria de qué era terrorismo, lo determinaba la protección del estado de Israel. Esta tradición de la cultura terrorista inserta como política de estado y paradójicamente en la diplomacia, ha hecho que el escenario actual de la política internacional en esa zona en particular, sea cada vez más complejo. Para esa cultura política es legítimo derribar el gobierno Sirio con el terrorismo moderno inaugurado como instrumento político por Ariel Sharon en la más fiel tradición a los designios de Irgun, Stern Gang y Haganah.

Estados Unidos y las potencias europeas con intereses políticos y lazos históricos en la zona, han tenido oportunidades para prevenir la situación catastrófica de ahora y en este sentido Rusia es quizás la excepción al haber tomado la decisión de largo plazo de no permitir la desintegración del estado en Siria; en definitiva, no permitir que el expediente del terrorismo moderno salga victorioso como herramienta legítima para derrocar a un presidente.

Con el fracaso de las invasiones de Afganistán e Iraq y de la operación bélica con protagonismo terrorista para derrocar el gobierno en Siria, se constata el fracaso de las estrategias de la Alianza Transatlántica y Estados Unidos en particular, de acabar con los puntos neurálgicos del terrorismo.

Los regímenes que aparecían (en la tradición política de la Alianza Transatlántica y de Israel), inculpados en apoyar el terrorismo, no demuestran albergar las redes que cometen los actos terroristas hoy día en Siria, Líbano e Irak. Lo que nunca sabremos con certeza es si Ariel Sharon habría estado de acuerdo en una alianza de Israel con Arabia Saudí como ocurre ahora, para derribar el gobierno en Siria. No sabremos tampoco que en su óptica de proteger a su amada Israel, la desintegración de Siria como estado era la estrategia a seguir.

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