Argentina: Hoy más que nunca

nuevatierraEl día de la Memoria es tarea para quienes nos reconocemos en el compromiso y opción por los pobres. Nos invita y desafía a mirar de frente los horrores y la persistencia de las decisiones y los sufrimientos de las últimas tres décadas.

El golpe cívico y militar de 1976 fue la instalación a sangre y fuego del modelo neoliberal en Argentina: abrió un ciclo cuyo cierre es todavía un camino en tránsito. Hoy, ahora, más que nunca, está en juego hacia dónde vamos y si acaso podremos empezar otro ciclo. Es en estos momentos que la memoria cuestiona más fuerte, pincha a los que la atan y exige asumir riesgos y nuevas apuestas.

Logramos enunciar como sociedad –con límites, parcialmente, pero con contundencia– nunca más al terrorismo de estado, nunca más a la muerte, nunca más a la persecución y desaparición. Algo que se plasma en las conversaciones y en distintas agendas y sumarios: existe un piso de consensos y unos mínimos tolerables en relación a los derechos humanos.

La trayectoria del movimiento de derechos humanos tuvo mucho que ver con esto. La traducción de sus reivindicaciones en políticas públicas y acciones de estado son una referencia y un acumulado que necesitamos interrogar: preguntarnos qué hay de replicable y qué debe ser ampliado, reinventado, reformulado.

Memoria por venir

Arriesgar cuerpo, palabra y vida en la plaza fue rescatar lo público y rescatar lo público en aquel contexto de represión y genocidio fue hacer política. Nos toca preguntarnos qué significa estar hoy a la altura de la historia: Qué riesgos hay que correr, qué apuestas hay que hacer, en qué espacios hay que dar batalla.

El actual es un momento para apuntalar, política, institucional y creativamente la reconstrucción del estado democrático. Para eso es posible recuperar en perspectiva y en proyección la larga y fructífera marcha de los movimientos de derechos humanos en estos 34 años. Y ponerla en relación con lo que la última dictadura militar significó en términos de proyecto de país: qué proyecto instaló y cuál vino a truncar.

En los años previos al golpe tuvimos en nuestro país el índice de distribución de la riqueza más equitativo de América Latina. El terrorismo de estado desarticuló de raíz, con miedo y muerte, construcciones y conquistas históricas de los trabajadores.

Profundizando la recomposición y defensa del estado democrático es fundamental poner en diálogo el debate sobre los derechos humanos con la reconstrucción de aquellas conquistas. Trazar las fronteras y recomponer los lazos para intervenir en los conflictos por la distribución de la riqueza, el trabajo, la vida de los sectores populares.

Cuadros que faltan

Habiendo bajado los cuadros de Videla y Bignone, bajada del pedestal la figura de los dictadores, sus ideologías y sus prácticas, nos toca preguntarnos en qué medida estamos siendo capaces de bajar sus imágenes de nuestras maneras de pensar y hacer. Cuántos cuadros que siguen inspirando miedo y orientando miradas falta bajar. En qué medida podemos salir de la agenda del rechazo a la política y el Estado. O en qué medida podemos liberarnos de la mecánica del miedo. Aquella que hoy día sostienen muy eficazmente los medios de comunicación: Por un lado el miedo a la inseguridad y a los pobres; por el otro, anuncios apocalípticos sobre los mercados, repiqueteos constantes sobre la inflación, predicciones de fracaso y derrumbe para política económica. El miedo como mecanismo de disciplinamiento social por excelencia sigue funcionando y –hoy es evidente– es una herramienta para la defensa de los intereses y el status quo de unos pocos.

Hay también un acuciante desafío en sentido inverso. Está bien bajar los cuadros pero son necesarios otros nuevos: otras maneras de pensar, otros repertorios para la acción, otras propuestas para la vida digna de las mayorías, que entusiasmen, que convoquen. También, otros referentes: “subir” cuadros políticos; allí donde la memoria y las siluetas de los 30.000 que no están nos interpelan. Nuevas generaciones de dirigentes y gestores que se lancen al protagonismo público y político.

El nunca más todavía pendiente de la Iglesia Católica

La sociedad en general y los sectores cristianos en particular, no debemos dejar de exigir a la Iglesia Católica el reconocimiento explícito e institucional de su complicidad con los crímenes de la última dictadura. Ahí donde los discursos sobre reconciliación y diálogo por la patria esquivan responsabilidades en el trágico capítulo de nuestra historia y tapan con un manto de piedad la intervención de la cúpula católica en el devenir político argentino y en asuntos de Estado. Ese nunca más está todavía pendiente.

La historia invita

En las puertas del Bicentenario, la historia y nuestra experiencia de ella, el testimonio y coraje de las Madres, las Abuelas y todos los organismos de derechos humanos, la densidad de la memoria y del presente, nos invitan a proyectar y construir protagonismo público y político. Hacer memoria, hacer justicia, hacer país. Decimos “nunca más” a la muerte y la impunidad y “siempre más” a la justicia. La historia nos devuelve la mirada y exige darle cuerpo, hoy más que nunca, a un país para todos.

CENTRO NUEVA TIERRA

Fuente: Nueva Tierra

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