Antofagasta:La tarea pendiente de democratizar la prensa en la región

El Diario de Antofagasta

Indignación causó en el país, la bochornosa nota emitida por el noticiario de Mega que se burla de la discapacidad visual del Periodista y Asesor Comunicacional de la Diputada Camila Vallejo, Javier Candia.

El asesor de la parlamentaria, aparece en las imágenes sosteniendo un celular muy cerca de sus ojos, gesto característico para quienes conocen de sus problemas a la vista, pero que en la nota elaborada por Rodrigo Ugarte es acompañado de comentarios como “a lo mejor su jefa le escribió en ruso“. La situación generó la reacción de los periodistas del país, quienes a través de las redes sociales criticaron al noticiero y Ugarte.

Pero este hecho reciente, es solo una muestra de la brutal concentración de los medios de comunicación en el país y su marcada tendencia ideológica, de derecha tanto en lo económico como en lo social. Basta recordar lo acontecido durante el año 2011, cuando las multitudinarias, alegres, pacíficas y coloridas marchas protagonizadas por los estudiantes chilenos, que causaron admiración en todo el mundo, no figuraron mayormente en los medios nacionales, querealizaron una tendenciosa cobertura enmarcada principalmente en incidentes aislados y hechos de violencia.

Una realidad que también se aprecia en Antofagasta, siendo su muestra más evidente la total concentración de la prensa escrita.Todos los diarios impresos de Antofagasta, Calama y Tocopilla pertenecen a una sola persona: El empresario conservador y cuya participación en el quiebre de la democracia en Chile aún se investiga, Agustín Edwards Eastman.

Este fue uno de los titulares de El Mercurio de Antofagasta que indignó a los estudiantes.

Estos medios, al no contar con competencia alguna en su área, controlan a su antojo la agenda mediática de la región, las tarifas publicitarias e incluso se dan el lujo de dar pautas e indicar a la ciudadanía y las autoridades -salientes y entrantes- los temas que deben priorizar, todo ello -por supuesto- acorde a las ideas políticas de Agustín Edwards. Es decir, con una marcada tendencia de derecha, liberal en lo económico y conservadora en lo moral.

Dejando a un lado el evidente y cotidiano respaldo de estos medios a políticos de la alianza, especialmente en periodo de campaña, su contribución a los episodios de racismo y xenofobia al estigmatizar a inmigrantes en sus noticias y su rol en el paro portuario apoyando a ultranza a la empresa de Sven Von Appen, los propios movimientos sociales acusaron también la forma descarada en que se buscó desprestigiar al movimiento estudiantil, para favorecer al gobierno de Sebastián Piñera.

Uno de los hechos más evidentes se vivió el año 2012, cuando la versión electrónica de “El Mercurio” y “La Estrella” de Antofagasta, publicó una información acusando consumo de alcohol al interior de un liceo en toma,difundiendo imágenes de jóvenes con botellas. Sin embargo, posteriormente se conoció que el lugar de las fotografías corresponde a un sitio apartado del establecimiento y en donde cualquier transeúnte puede tener acceso desde la calle. Tampoco se reveló qué clase de líquido beberían las personas que aparecen en las fotografías, ni menos la versión de los acusados, aunque no dudó en ligarlos con los alumnos de la toma sin verificar si efectivamente se trataba de estudiantes.

La libertad de expresión e información, implica que existan los mecanismos para que todos los puntos de vista se puedan dar a conocer. Siguiendo este razonamiento, es perfectamente razonable que se vele para que sigan existiendo medios de comunicación como los de Agustín Edwards, por muy impopulares que sean sus posturas. Pero lo que no resulta razonable, es la ausencia de mecanismos para permitir la existencia de otros medios de comunicación con otros puntos de vista, para desmonopolizar la información y así contribuir al pluralismo y el fortalecimiento de la democracia.

Para ello necesitamos en forma urgente que se cree una nueva ley de medios, que contemple la asignación de recursos e inversión publicitaria equitativa para los medios de comunicación y que los aportes del estado no se concentren únicamente en los medios tradicionales. Esta iniciativa, requerirá un largo proceso de negociaciones, definiciones y acuerdos para salir adelante, pero en el corto plazo,  las organizaciones gubernamentales, sociales, políticas, pueden asumir desde ya esta responsabilidad, aportando activamente con financiamiento para los medios independientes.

Recopilación realizada por OtraPrensa.com

Hay muchos periodistas y talentosos comunicadores regionales que gustosos aportarían al proceso de cambios que vive el país dando a conocer informaciones, investigaciones, videos y temas no explorados por la prensa conservadora en medios como El Diario de Antofagasta, pero debido a la falta de financiamiento que sufre la prensa independiente en general, terminan haciendo Relaciones Públicas en termoeléctricas, mineras contaminantes o siguiendo los designios de Agustin Edwards.

La inversión publicitaria de las empresas tampoco alcanza por si sola para permitir el financiamiento de iniciativas periodísticas de corte social y democrático, ya que los  principales medidores que usan las empresas y las agencias publicitarias para canalizar los recursos de sus campañas no son el aporte cultural, social o la calidad de la información que entregan los medios, sino que simplemente métricas tales como el rating, el número de ejemplares vendidos, la cantidad de visitantes en los medios onlineo el número de clicks en sus anuncios. Una estrategia que pueden sortear con éxito unos pocos medios nacionales y los dirigidos al público masivo, pero no los regionales dirigidos a una audiencia más acotada.

De esta forma, resulta crucial para la continuidad de la prensa independiente en nuestra región, que el Estado, las organizaciones sociales, sindicales, culturales y políticas, no incurran en el error cometido durante los años 90, cuando medios como “Analisis”, “Fortín Mapocho” o “La Época” debieron cerrar por falta de financiamiento y que en esta oportunidad si asuman el deber de fortalecer el pluralismo informativo.

No hacerlo, implicará permanecer constantemente quejándose porque “El Mercurio miente” pero desperdiciando una oportunidad concreta para revertir el panorama contando con un nuevo medio escrito en la región,además de obligar a los medios independientes  a concentrar sus esfuerzos en conseguir la inversión privada, con la consiguiente pérdida de calidad en sus contenidos y modificando su línea editorial con la pérdida de la libertad de expresión que ello implica, obligando a sus lectores a soportar molesta publicidad e “informaciones” de farándula o publireportajes pagados del tipo “Conoce las ventajas de este nuevo producto“.

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