ANAMURI. Trabajadoras Organizadas: Rescatando una identidad de “clase, género y etnia”.

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Son mujeres, trabajadores y campesinas. La Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas trabaja desde 1998 en pos de mejorar las condiciones de miles de mujeres que deben enfrentar las precarias condiciones laborales del mundo rural.

Por Erick Valenzuela y Daniela Escárate

Publicado además en Bello Público de Mayo.

En vista de los pocos espacios de representación de las mujeres en el mundo laboral, y si a esto le sumamos la variante rural, es que se forma la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Anamuri). Se trata de mujeres campesinas, provenientes de diferentes regiones del país, que en el año 1998 decidieron vincularse a raíz de la desprotección y discriminación que presentaban las mujeres rurales e indígenas.

“La idea era realizar una organización para sumarse a lucha, ya que habían muchas demandas que no se veían desde las exigencias masculinas. Este es un proyecto que busca una apuesta alternativa al modelo neoliberal””, comenta Alicia Muñoz, Presidenta de la organización.

Las principales disputas que enfrentan son la eliminación de los plaguicidas, debido a los riesgos que producen tanto a las temporeras como al medio ambiente; la prevención de riesgos laborales; el derecho a previsión, además de coberturas en sistemas de salud; condiciones mínimas de higiene, en definitiva, la lucha por un trabajo digno.

Procesos de Autoeducación

La organización ha sido la instancia de auto-educación para las trabajadoras, debido a las marginales condiciones de educación existentes en el campo. “La organización, ha sido mi escuela y espacio de autoeducación”, señala la presidenta de Anamuri. Se han levantado escuelas sindicales para asalariados como la Escuela Olivia Herrera y la Gabriela Mistral, una itinerante que es más amplia en su temática, ya que se expone no sólo del aspecto laboral, sino también trabaja temas de género, sexualidad, mujeres indígenas, alimentación y soberanía alimentaria “La idea de soberanía, pasa por generar empoderamiento en el mundo rural”, argumenta Muñoz.

También se hacen escuelas centralizadas, tales como escuelas de agro ecología, Según Alicia Muñoz, esta es una forma de dar respuesta a las escuelas rurales, que en su mayoría son manejadas por la Sociedad Nacional de Agricultura, “Ellos eligen a los alumnos y hacen un tipo de educación pro-empresa, y no una educación libre. Esto se arrastra desde la dictadura donde requisaron todas las escuelas, de ese modo educan a sus futuros trabajadores, desalojando la posibilidad de discusión en torno a nuestras tradiciones”, apunta la Presidenta.

¿Trabajar 120 años para alcanzar la pensión mínima?

En Chile la agro-exportación ha tenido un crecimiento tremendo. Los trabajos generados por este sector tienen un alto nivel de rotación y son por temporadas. Pese a la falta de voluntad empresarial, los trabajadores han podido organizarse por medio de sindicatos transitorios que han servido, principalmente, para dar capacitaciones a las y los trabajadores. Deben enfrentar además la falta del derecho a las negociaciones colectivas, ya que sus negociaciones son tripartitas.

Alicia Muñoz reflexiona que las precarias condiciones de trabajo están relacionadas con “esta locura de desarrollo económico neoliberal, en donde los inversionistas sólo se han preocupado de ver cuánto van a gastar en relación a las ganancias, pero no se preocuparon de los seres humanos que las iban a producir”.

“En el 2002 le dijimos al presidente Lagos que una temporera tendría que trabajar 120 años para alcanzar una pensión mínima de 100.000” , recuerda la dirigenta. Una realidad que nueve años después sigue latente, luego de que el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural revelara, a partir de la Encuesta CASEN 2009, que el 51 por ciento de las personas en condición de pobreza e indigencia viven en zonas de ruralidad media o alta. No es difícil calcular cuántas corresponden a mujeres.

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