A propósito de los Ambientalistas de Postal

Por  Cristián Opaso *

El conocido colega Pedro Cayuqueo, fundador y director del excelente periódico Azkintuwe -me parece el  primer periódico masivo de la Nación mapuche- ha difundido recientemente una opinión a través de The Clinic, que ha seguido circulando profusamente por el ciberespacio.

Doime por aludido –a pesar de habérseme aclarado que no se refería específicamente a mi persona- ya que una parte importante  de las últimas dos décadas de mi vida las dediqué a vivir y trabajar en el Alto Biobio, muchas veces como parte del Grupo de Acción por el Biobio (GABB), organización de la cual por varios años fui vicepresidente.

No pretendo defender los méritos y logros de este grupo, ciertamente la recomendación vendría de muy cerca, ni menos justificar sus errores tácticos y estratégicos, que sin duda, como todo grupo involucrado en las luchas sociales tuvo, agravados además  por las contradicciones y el elitismo del que muchas veces pecan las ONGs chilenas .

Lo que si pretendo es poner las cosas en su lugar, o más bien intentar proponer otro lugar, desde el cual podamos comenzar a evaluar de una manera más ecuánime y justa-mutuamente justa- que permita respetar nuestra diversidad étnica, cultural, política y económica (o de clases si se quiere) y no limitarnos a hacernos bullying por twitter, correos electrónicos o páginas web.

Fuimos miles de miles los chilenos, mapuche y pehuenche (por no hablar de los muchos extranjeros que, entre otras cosas, fueron los primeros en denunciar públicamente el proyecto de megacentrales) que nos conmocionamos profundamente y actuamos en consecuencia. Por años nos sacamos la cresta luchando por ese patrimonio ecológico y humano adonde aun hoy vive el pueblo mapuche-pehuenche y en cuyas cercanías me quedé a vivir.

Sé con certeza que a muchos esa lucha nos cambió la vida. No sin dolor por cierto, ya que terminaron no solo construyendo Pangue y Ralco, sino recientemente la represa Angostura, que ha pasado piola, como si nada hubiese allí sucedido. No paramos las represas, es verdad y no sólo cementerios, sino insondables cantidades de dignidad e historia permanecen bajo las aguas de los embalses  y de la infamia.

Pero tengo también, creo como muchos, la certeza de que la lucha del Alto Biobio creó precedentes claves para la lucha ambiental y política de este país. El impulso que dio a la concientización ambiental de Chile es innegable y sin esa lucha ciertamente no se habría provocado la inconclusa revuelta de Hidroaysen.

Y permíteme sacar algo a colación, aunque no sea yo mapuche. El impulso dado al nuevo capítulo en la larguísima lucha del pueblo mapuche creo también es otro legado de lo hicimos. Y eso va desde  haber puesto a prueba y comprendido, a golpes, las limitaciones del sistema profundamente racista que impera en los tribunales y oficinas gubernamentales de este país, hasta incorporar activamente a miles de chilenos en una lucha conjunta con nuestros hermanos mapuche–experiencia muy pocas  veces vista en la historia de este país que nos toca compartir.

Quizás pasó por allí alguno preocupado de defender el amenazado paisaje sólo para continuar con sus paseos en balsa, algo legitimo por cierto, pero generalizar esa intención es desconocer  el espíritu, el esfuerzo y las intenciones de la gran mayoría de los que estuvimos allí.  Además se parece mucho a los argumentos que en su momento difundía la empresa interesada en construir las centrales y desprestigiar al movimiento de oposición y resistencia, la misma por supuesto que ahora intenta asentar su desgracia en la Patagonia.

Respecto al tema económico, es cierto que muchas veces millonarias sumas se gastan en campañas dirigidas por pequeños grupos, que además cobran por hacerlo, aunque sean generalmente cifras modestas. Esas cifras, en  un país con la precariedad económica y  la  vergonzosa desigualdad  social que tenemos, aparecen ciertamente inapropiadas. Pero es labor del movimiento social poner las prioridades y condiciones para el involucramiento de las ONGs en las luchas sociales y, porque no decirlo, ponerle también exigencias y condiciones a los donantes, ya que creo estos también deben ser evaluados y regulados social y políticamente. Quizás no hemos desarrollado aun esa capacidad y sea necesario hacerlo. También, y quizás más importante, es que los movimientos sociales aprendamos a tener mayor capacidad de autogestión y control colectivo de los recursos que siempre necesitamos conseguir para la lucha social.

Comparto algunas de las críticas a la campaña de defensa de la Patagonia. Yo habría puesto mayor énfasis, desde un inicio, en la movilización social y habría creado un frente con afectados de otros megaproyectos. Pero mira (permíteme decirlo de esta manera) ¡la bendita cagada que está quedando con Hidroaysen!

Han ganado, hasta ahora, es verdad. Construyeron Pangue y Ralco y ahora sabemos que las cartas están marcadas y que hay una gran probabilidad de que se construyan las megacentrales de Hidroaysen.

Pero yo me llamo y te llamo a ti peñi Cayuqueo y a todos los participamos en la lucha del Alto Biobío a dialogar, evaluar y aprender lecciones de verdad, que nos ayuden en las luchas de hoy. No sólo para llorar por la leche derramada o sacarnos en cara nuestros errores, sino para descubrir claridades que nos den energías y esperanzas para avanzar con paso firme hoy día en las calles o a hablar con palabras certeras y los oídos despiertos  en las escuelas, universidades, casinos y comedores de Chile, adonde pareciera que de lo que único que se habla por estos días es de Hidroaysen.

Escuchar sobre todo las voces visionarias y esperanzadoras de aquellos como la cantante Camila Moreno cuando canta..“Millones de almas en su cuenta…millones de represas en la tierra….ahhhh…Ellos gobernaron el pasado, la rutina, la energía….¡no gobernarán el futuro!

Nos vemos en las salas de redacción, y en las calles.

*Periodista Independiente

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  1 comment for “A propósito de los Ambientalistas de Postal

  1. Edelmira Carrillo
    20 Mayo 2011 at 19:41

    No he leído al Peñi Cayuqueo, pero el escrito de Cristian me revela que hubo (en buena o mala onda) alguna descalificación por el accionar de un grupo, GABB. Mala cosa…los movimientos sociales contienen a tantas personas en su seno, tantas miradas y también tantos riesgos, por eso por ser movimientos sociales…aunque bienpensado si vamos a los partidos políticos, encontramos la misma diversidad, sólo que más hipócrita. Bueno, pero vamos a los movimientos sociales porque en ellos la diversidad es rica y compleja y es libre y, a veces por conductas muy particulares se le aplica el descalificativo a todo. Algo tenemos que aprender, los que se incporporan a los movimientos sociales lo hacen por sensibilidades específicas…sin dudas pueden existir entre sus miembros personas desubicadas, pero no mal intencionadas…sapos de lo aparatos de seguridad vigentes, que van a promover conductas de riesgos porque se trata de hacer ver como “peligrosos” los movimienrtos sociales, así se les elimina antes que actúen …y no se necesita represión expresa, algunos que van por un momentos y luego parten a sus casas y los otros que se quedan, que están dispuestos a estar para denunciar y realizar acciones concretas en contra de una iniciativa lesiva para el país… Yo, concuerdo con Cristian…es hora de la unión, es hora de la tolerancia y sobre todo es hora de la no descalificación

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