A 107 años de la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique: Memoria de una Masacre

La Triste Historia

 La matanza de la Escuela Santa María de Iquique fue una masacre ocurrida en el Norte Grande de Chile el 21 de Diciembre de 1907, en la que fueron asesinados cerca de 3600 personas, obreros del salitre junto a sus familias que estaban en huelga. Fue en el periodo presidencial de Pedro Montt, las ordenes de disparar fue dada por el Ministro del interior Rafael Segundo Sotomayor. De las victimas asesinadas, se estima que cerca del 60% eran peruanos y Bolivianos. Los cuales murieron hermanados en la muerte porque no habían sido ellos los que habían trazados las líneas territoriales que separan a los pueblos, y porque el capital no tiene fronteras ni banderas.

Cuando el Ministro del interior dio la orden de disparar en realidad estaba cumpliendo las ordenes del Presidente Mont, y este a su vez solo cumplía su papel de lacayo de los intereses del imperialismo británico de la época.

El 10 de Diciembre de 1907 los obreros paralizaron los trabajos de la salitrera San Lorenzo luego el paro se amplia a otras de Alto San Antonio. Estaban cansado de sus condiciones de vida y laborales. Jornadas de 10, 12 y más horas diarias, de la dependencia total del imperialismo ingles, y de su codicia inhumana de ganancias a costa de la explotación. Hastiados de sus miserias y de recibir por salarios- fichas en vez de dinero. La indignación venía con el pan de cada día cuando en las pulperías a las cuales iban a comprar mercaderías se encontraban con que no había balanzas ni medidas y que los precios eran exorbitantes. La rebeldía aumentaba cuando recordaban que tenían prohibición de comprar en pulperías que no fueran las de la oficina salitrera. Veían que las fichas se le escapaba por entre los dedos y tal vez por eso una de las exigencias era la eliminación del pago con fichas y el pago de salarios en dinero. Luchaban con la ilusión de cambiar su existencia y sus condiciones de vida a cual era deplorable. Por eso entre sus peticiones estaban jornadas a tipo de cambio fijo, indemnización y desayuno, termino de los los abusos cometidos en las pulperías de las oficinas salitreras, exigencia de pago de sus remuneraciones en plata o en billetes no desvalorizados, demanda de seguridad laboral en las faenas para evitar los accidentes del trabajo, establecimiento de escuelas. Con espíritu de organización y lucha que se venía dando desde los inicios del siglo XX , por la clase obrera chilena en mutuales y mancomunales obreras, los huelguistas de Alto San Antonio marcharon a la ciudad de Iquique, sus huellas quedaron grabadas en la arena de la pampa nortina , la sombra de sus almas aun se reflejan en las soledades del silencio, el susurro de sus voces siguen rompiendo los secretos de la noche. Marchaban en columnas portando banderas de Chile, Bolivia, Perú y Argentina, con paso firme valiente y decidido, las luces de la historia reflejada en sus ojos.

Llegaron a Iquique, se alojaron en el hipódromo de esta ciudad. La solidaridad de los trabajadores creció, se sumaron a ella los trabajadores de casi todo el comercio e industria del norte del país.

El movimiento iba alimentándose desde el vientre del pueblo en la pampa germinaba la flor roja de la lucha. Más trabajadores en paro viajaron a la ciudad de Iquique.

16 de diciembre 6000 mil trabajadores acamparon en la escuela Santa María de Iquique. La huelga avanzaba y más y más pampinos se unían a ella, el día de la matanza eran cerca de 10.000.
A los pocos días de haber llegado estaban reunidos en en la plaza Manuel Mont, y en la Escuela Santa María, pedían al gobierno que mediara entre ellos y los patrones de las firmas inglesas. Los patrones se negaron a negociar. Así pasaron los días sin ningún resultado .Desde Santiago el gobierno les ordenó abandonar la ciudad. Los obreros sabían que si regresaban a sus labores sus peticiones serían ignoradas y sus condiciones de vida y laborales seguirían siendo las mismas . Sacaron fuerza de las alturas milenarias, serenidad de las noches estelares del desierto , abrazados en la hermandad de los marginados ,en la solidaridad de los oprimidos levantaron los puños y dijeron la lucha continua.

19 de diciembre el Intendente Carlos Eastman llegó a Iquique. Esa tarde se entrevistó con los miembros del comité general de huelga y luego con los dirigentes de la Combinación Salitrera, intentando llegar a una solución del conflicto. Aun cuando los empresarios salitreros le manifestaron su voluntad de estudiar y resolver convenientemente las peticiones de sus operarios, también expresaron su negativa a discutir bajo la presión de los huelguistas porque según ellos “si en esas condiciones accedieran al todo o parte de lo pedido por los trabajadores perderían el prestigio moral, el sentimiento de respeto que es la única fuerza del patrón respecto del obrero”. Lo que en realidad buscaban era continuar con la explotación al máximo de los trabajadores y sus argumentos mostraban la intención de no aceptar las exigencias de los trabajadores.

20 de diciembre los dirigentes se reunieron con el intendente Carlos Eastman Quiroga. El Intendente intentó convencer a los líderes del movimiento reivindicativo para que los pampinos volvieran a sus lugares de trabajo, dejando en Iquique solo a la delegación encargada de las negociaciones. El comité de huelga, argumentando que eso sería casi imposible de lograr, propuso como alternativa un aumento de 60% de los jornales durante un mes, a fin de dar tiempo a ambas partes para ponerse de acuerdo en una solución definitiva a las reivindicaciones proletarias.

El 21 de diciembre a primera hora, Carlos Eastman recibió por segunda vez a los directores de la Combinación Salitrera. Al comunicarles la propuesta de los trabajadores, la apoyó y les informó que el Presidente de la República lo había autorizado cablegráficamente para comprometer al gobierno en el pago de la mitad del aumento de salarios que se acordara durante el mes de negociaciones. Pero los representantes patronales fueron inflexibles en su negativa. La respuesta empresarial llevó al comité de huelga a suspender las conversaciones con la autoridad regional. El Intendente Eatsman, se dirigió telegráficamente al Presidente de la República expresándole “la impostergable necesidad de solucionar la cuestión el mismo día”. Lo que preocupaba al Intendente era la decisión de los trabajadores de continuar la huelga y veía en su actitud el peligro de la clase dominante al ver amenazado el orden y los intereses de la clase que representan . Veía a los trabajadores en huelga como una amenaza para la ciudad y en esos términos se lo dio a conocer al presidente.
La orden de desalojar la Escuela Santa María y la Plaza Manuel Montt donde se encontraban los huelguistas reunidos en meeting permanente fue transmitida por escrito al Jefe de División, general Silva Renard antes Comisionado por Silva Renard, el coronel Ledesma se acercó al Comité Directivo de la huelga para transmitirles la orden de evacuar el lugar y dirigirse al Club Hípico. Cinco minutos más tarde Ledesma volvió donde su superior, comunicándole el rechazo de los trabajadores a abandonar el lugar. Silva Renard hizo avanzar las dos ametralladoras del crucero Esmeralda, colocándolas frente al plantel educacional y apuntando hacia la azotea donde se hallaban los cabecillas de los obreros. Un piquete del regimiento O’Higgins se ubicó a la izquierda de las ametralladoras “para hacer fuego oblicuo a la azotea por encima de la muchedumbre aglomerada al lado de afuera.

La plana mayor de los militares después de un análisis del lugar operativo decidieron el empleo de las armas de fuego . Luego el capitán de navío Aguirre, el comandante Almarza y el general Silva Renard anunciaron a la masa que se dispararía contra aquellos que no se retiraran hacia la calle Barros Arana.. Solo unos doscientos trabajadores obedecieron la orden en medio de las pifias de sus compañeros. Entonces llegó el momento decisivo las ordenes de disparar la dio el Ministro del interior Rafael Segundo Sotomayor comenzando la masacre
La masacre y los 3600 obreros asesinados siguen en la memoria colectiva del pueblo, de las gentes, de las masas populares . De los desposeídos y marginados del sistema. De los que siguen el ejemplo de los caídos en la la Escuela Santa María de Iquique. El ejemplo del compañero presidente Salvador Allende, Miguel Henríquez, Gladis Marín, Víctor Jara y todos los caídos en la lucha por una democracia popular y por el socialismo. (Fuente de datos: La Mancha Obrera)

extraído de Radio Villa Francia

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