40 Años: Contra los trabajadores: Laja y San Rosendo

Escrito por Robinson Silva Hidalgo (resumen.cl)
10890747004_4a8a426c9e_cEn los límites de las provincias de Concepción y Bío Bío se encuentran las comunas de Laja y San Rosendo, tal vez la tranquilidad de las localidades rurales podría hacernos pensar que el horror dictatorial no llegó hasta allí. Sin embargo, la venganza contra el pueblo se hizo presente de manera cruda. En esta zona se había instalado una papelera, en la ribera del río Bío Bío hacia 1951, cientos de trabajadores se enrolaron allí como forma de huir de la explotación de los grandes propietarios agrícolas.

Durante la Unidad Popular, la monopólica industria de Jorge Alessandri fue expropiada y sus trabajadores ya sindicalizados participaron activamente del proceso de dignificación de la economía nacional. Ello fue razón suficiente para que, una vez ejecutado el golpe de Estado de 1973, los trabajadores fueran el blanco predilecto del odio de los organismos represores. En esta oportunidad no se encargó la DINA, fueron los mismos carabineros, que interactuaban día a día con estos obreros, quienes ejecutaron vilmente a sus víctimas.

Desde el mismo 11 de septiembre y días posteriores, fueron perseguidos y detenidos diecinueve personas, entre ellas trabajadores de la papelera, pero también de ferrocarriles, un regidor y un estudiantes universitario, un estudiante menor de edad y dos profesores. Como podemos ver, los sectores que empujaban el proceso de la Unidad Popular y sobre todo, de generación de una revolución que cambiara para siempre las relaciones de poder, que en las zonas alejadas era todavía más notorio.

Todos ellos fueron ejecutados por carabineros y en concomitancia con civiles, la industria papelera y funcionarios. En octubre de 1973 un campesino descubre los cuerpos en el fundo San Juan, cercano a Laja. Como en una premonición se produjo el primer “retiro de televisores”, volviendo a desaparecer los restos de estas personas. Pero en 1979, en una fosa común de Yumbel, volvieron a aparecer y esta vez el trabajo denodado de los familiares y los profesionales del Arzobispado de Concepción logró dar con la verdad.

Esa verdad se sostuvo en la lucha denodada que llegó a enfrentarse a la dictadura en marchas y huelgas de hambre, incluso a costo de la vida:

“Mientras se efectuaba la huelga de hambre de las mujeres penquistas un trágico hecho conmovió a toda la opinión pública nacional. Una anciana de 68 años de edad, que se había presentado al Arzobispado para incorporarse a la huelga de hambre, moría en el Hospital Regional.

La señora Clara Espinoza Arriagada, integrante de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de la Vlll Región, reclamaba desde el año 1973 para saber por la suerte de su hijo, Juan Villarroel Espinoza, el cual fue detenido por Carabineros de Laja. Este es uno de los 18 casos que investiga el Ministro en Visita extraordinario José Martínez, designado por la Corte de Apelaciones de Concepción.

La señora Clara Espinoza había viajado desde Laja para incorporarse a la huelga de hambre. El personal médico que la examinó determinó que no estaba en condiciones de iniciar el ayuno y se la envió al hospital, donde falleció el 7 de septiembre a las 7:30 horas.” (Solidaridad, Nº 78: 8).

Desde 1977 se trabajó para esclarecer el paradero de estos cuerpos, como una realidad terrible, el hallazgo de Lonquén se repetía en nuestra región. La cobardía de los policías hechores de los crímenes y sus cómplices funcionarios de la industria y el gobierno de facto negaron permanentemente los hechos, aliados a una justicia que investigó por intermedio del juez José Martínez Gaensly, pero que se declaró incompetente.

El punto fundamental en este caso fue que marcó  un antes y un después en la certeza de los crímenes en nuestra zona, significó un potenciamiento del movimiento de derechos humanos, activando a diversos actores que se comprometieron por denunciar este y muchos otros hechos, aun con más fuerza y más organización. Fueron ellos quienes presionaron fuertemente para que se esclarecieran los hechos.

Nos interesa relevar la respuesta incontestable del pueblo de Concepción una vez conocida la verdad. Fue en noviembre de 1979, la fecha que queremos resaltar en esta crónica, cuando se entregaron definitivamente los cuerpos a las familias de estas víctimas, el cortejo fue impresionante y es la mismísima crónica del derechista El Sur quien reconoció este desborde de solidaridad popular:

“En la parroquia San José, desbordante de público, se ofició ayer en la mañana una misa, concelebrada por el arzobispo auxiliar Alejandro Goic y veinticinco sacerdotes de la Diócesis y de la capital que viajaron especialmente, en memoria de las diecinueve personas muertas en Laja y San Rosendo, en septiembre de 1973. Los restos habían sido entregados horas antes a los familiares en el Instituto Médico Legal. Durante la homilía el obispo Goic invitó a los cristianos y a los hombres de buena voluntad “a que protejan siempre y en todo lugar la vida, a respetar por sobre todo otro valor al hombre, cualquiera sea su condición, a respetarlo y amarlo como lo respeta y ama Jesús” (El Sur, 28-11-1979: 1).

Efectivamente, la Iglesia de ese entonces se puso del lado de quienes necesitaron protección y ayuda. Pero lo más significativo es la poderosa respuesta del pueblo, tras la triste y lenta entrega de los cuerpos, las misas y romerías en Concepción llenaron de gritos y rabia las calles de la ciudad, posteriormente el largo camino a Laja, donde se enterraron la mayoría de los cuerpos fue acompañado de numerosas caravanas.

A fines de noviembre de 1979 el pueblo se indignó y lo demostró en las calles de Concepción, de Laja, de Yumbel. La dramaturga Isidora Aguirre, la misma de la “Pérgola de las flores”, que había relatado la historia de la entrañable Carmela de San Rosendo, escribió tras estos hechos otra obra, no tan conocida como la comedia musical: el “Retablo de Yumbel” contó a todo Chile la tragedia de los hermanos de la Carmela.

*Nota: en la pasada edición de esta columna se señaló que Marcia Miranda se inmoló en la Iglesia San Matías de Lota, la investigadora Paulina Pérez De Pablo nos indica que este doloroso hecho ocurrió en las cercanías de la Ex escuela 4 de Lota bajo. Agradecemos la aclaración.

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