“El pueblo se ha armado con cámaras”

Por César Pincheira G.

La fotografía entró a Chile a través del puerto de Valparaíso. Cuenta la leyenda que se vino navegando en el mítico viaje de la corbeta L’Orientale en 1840, apenas unos meses después de su presentación como invento en París y unos años desde que había sido hecha la primera fotografía reconocida como tal sobre un tejado francés. Así de pulento era Valparaíso en aquel entonces: el invento que sacudía los egos y la identidad de la emergente burguesía europea, y luego de todos los seres humanos, ingresaba a nuestro país por el único lugar posible: por la puerta-puerto principal. La Joya del Pacífico.

Por eso es tan coherente que hoy exista un festival de fotografía en Valparaíso y tan extraño que no hubiese nacido antes. Este año el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso (FIFV) va por su segunda versión. Y claro, FIFV no es una buena sigla porque es casi impronunciable, pero igual. Acá estamos otra vez. ¿Los mismos de siempre? Ojalá que no. La cosa se viene a todo metro cúbico y lineal en laEx Cárcel (me resisto a llamarle por su nuevas siglas de Parque Cultural de Valparaíso) con tres muestras grandotas y en las calles decenas de grupos haciendo intervenciones en el espacio público porteño. Digo que ojalá no seamos los mismos de siempre, porque el festival se proyectará en el tiempo sólo si se hace cada vez más inclusivo e integrador, para que siempre sea un encuentro de creación de  imágenes. Acá participan fotógrafos de Valparaíso. Otros avecindados. Otros visitantes. Otros desde el extranjero. Pero siempre faltarán más miradas y más propuestas. Nuevas formas de hacer y ver fotos.

La fotografía es generosa y bajo su amplio paraguas cabemos todos y todas. Además, no hace falta decirlo: el pueblo desde hace años que se viene armando con cámaras y a destajo, adquiriendo cámaras en 3 cuotas precio contado hasta hace poco difíciles de obtener. También se han armado con sus celulares y smartphones. La fotografía es una de las pocas cosas relativamente democráticas y de acceso amplio que nos van quedando. Mirar es gratis, fotografíar en digital, casi. Si no me creen, échenle una mirada a las famosas redes sociales. Hierven y el fuego es casi siempre fotográfico. “Etiquétame, “ No me etiquetes”.

Pero no todo es lindo hoy para la fotografía. En las calles cunde la desconfianza. Que éste es sapo. Que éste otro parece que también. La yuta también anda llena de cámaras registrando todo y a todos (as). Las esquinas están llenas de ojos mecánicos.Cunde la sospecha fotográfica. Mal síntoma.

El gobierno aprovecha el río revuelto y las emprende con un oscuro proyecto de ley impulsado por los caballos del miedo y la inseguridad ciudadana ante el cual uno no sabe si reírse a carcajadas o ponerse a llorar a toda lágrima. Porque en medio de varios intentos de meternos un gol de mitad de cancha, el oficialismo plantea la genial idea de que los medios le entreguen a la fiscalía “voluntariamente” imágenes que hayan hecho sus profesionales en el que aparezcan personas que participan en protestas y desórdenes públicos. Lo de voluntario va entre comillas. Me comprendes Méndez. El proyecto está hoy en una comisión en el Congreso. Reporteros Sin Fronteras ya lo hizo pebre. Y es que no resiste ningún examen a la luz de un estándar democrático moderno: los medios y el periodismo a lo suyo; el Estado y sus guardianes a lo suyo. No se metan con la fotografía. Porque la fotografía es generosa. Tanto que hasta permite que acá en Valparaíso, en el confín del mundo, lejos en kilómetros y en años del lugar donde nació, se le haga un festival tan encachado. Así que a preparar las cámaras, los lentes y sobre todo las miradas porque a Valparaíso lo abrasará la fiebre fotográfica en esta primavera del 2011.

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