¿RENOVACIÓN O FALTA DE IDEAS?

Por Wilson Tapia Villalobos

Por estos días, los socialistas chilenos están realizando sus más grandes aportes a la discusión ideológica en veinte años. Y lo han hecho desde la elaboración intelectual y también en la práctica. Dos áreas que, si se comparan, permiten sacar conclusiones.  Puede que lo que se encuentre no guste, pero hay que reconocer que es un avance.

Pese a que a muchos de los renovados dirigentes del Partido Socialista (PS) no les parezca adecuado, Carlos Altamirano Orrego sigue marcando pautas ideológicas.  La reciente aparición de su biografía, escrita por el Premio Nacional de Historia Gabriel Salazar, dejará a pocos indiferentes. Sobre todo que Altamirano revisa lo ocurrido con su Partido, del que fue Secretario General y líder en los cruciales días previos al golpe militar de 1973.  Las conclusiones que saca no son halagüeñas para la clase dirigencial actual. Algo similar ocurre con la Concertación.  Lo que seguramente hará que muchos se sientan tentados a levantar nuevamente la imagen del verdugo de la Unidad Popular. Un ícono que encierra más hipocresía que realidad histórica.

Los juicios críticos apuntan a que la renovación  socialista no existió.  Y que las concesiones que se hicieron al neoliberalismo fueron más allá de lo que podía presumirse para una colectividad socialista. Incluso, sobrepasando lo conveniente. La Concertación, que dio dos presidentes socialistas de los cuatro que ejercieron en estos 20 años, tampoco queda libre de cuestionamientos. Ya habrá tiempo para analizar las revisiones que hace Altamirano.  Ahora me parece interesante quedarnos sólo en su mirada sobre el socialismo.  En especial porque tales visiones ya han generado reacciones.

Juan Carlos Altamirano Celis, hijo del líder histórico, respondió a su padre.  En la página editorial del diario La Segunda, destaca algunos hecho indesmentibles.  Señala, por ejemplo, que su progenitor fue el único dirigente político que ha hecho un mea culpa por acciones u omisiones de los inicios de la década del ´70. Una actitud que, sin duda, lo distingue.

Pero Altamirano hijo también exhibe diferencias. Se pregunta ¿qué esperaba Carlos que ocurriera en el socialismo renovado?  Y recuerda que fue él quien auspició el inicio de la renovación.  Cambio que posibilitó un acuerdo político amplio para enfrentar y luego derrotar a la dictadura. Concluye manifestándose absolutamente contrario a desconocer “la importancia fundamental del mercado y la iniciativa privada en el desarrollo”. Por lo tanto, era menester dejar de lado el apego a un estatismo que marcara el proyecto de país. Privilegia, además, la suplantación de la lucha de clase frontal por la política de los acuerdos. Y cierra su análisis afirmando que gracias a la renovación socialista y a la Concertación, Chile ha tenido “los 20 años con mayor progreso, bienestar y paz social de su historia”. Aunque “los autores del libro piensen lo contrario”.

En los mismos días en que Juan Carlos Altamirano publicaba su artículo editorial, el presidente del Partido Socialista daba muestra, en la acción, de lo que él entiende por renovación.  El diputado Osvaldo Andrade permitía que el Gobierno impusiera su criterio en el reajuste para los empleados fiscales.  Al ausentarse de la sala en la votación, hizo posible que el oficialismo ganara por un voto.  Hasta ahora las explicaciones han sido variadas, pero sin demasiada claridad.  Andrade ha dicho que obedeció a la propuesta de algunos de los gremios.  Posiblemente se refiere a los acuerdos alcanzados por él con la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), a través de su presidente Arturo Martínez. Pero esta postura dejaba de lado el sentir de buena parte de los principales interesados, los miembros de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).

Esta revisión socialista en el plano de las ideas y de la acción, seguramente servirá para aclarar posiciones. Entre otras cosas, para saber qué es lo que los socialistas entienden por progreso, bienestar y paz social. Si Altamirano hijo tiene razón, eso explicaría que Chile esté entre las diez naciones que, en el mundo, reparten peor la riqueza. Si dejar de lado la lucha frontal de clase suplantándola por la política de los acuerdos, implica debilitar en grado sumo a las organizaciones sindicales, las políticas impulsadas por el PS son las adecuadas.  Pero eso significaría, también, que la razón de ser del socialismo habría cambiado de escenario social. Los trabajadores tendrán que buscar otros aleros.  Y si se trata de reconocer el rol fundamental del mercado y de la iniciativa privada, tal vez es un error quitar protagonismo al Estado.  Una cosa no puede significar automáticamente la otra.  Si es así -y es lo que ha ocurrido en Chile-, la iniciativa privada se queda sin regulación, y ya sabemos que el mercado no es un buen asignador de recursos. En especial cuando se trata de los sectores más desprotegidos que son, curiosamente, a los que el socialismo decía representar y defender históricamente.

La renovación socialista es presentada como una mirada más pragmática. ¿Pero el pragmatismo puede significar la renuncia a principios fundantes?  Tal vez un pragmatismo llevado hasta le límite de la confusión con políticas neoliberales está en la base de la explicación de lo que está ocurriendo en Chile con la política.  Y la responsabilidad hoy no es de Carlos Altamirano.

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