¿Más medios o más comunicación?

Por Patricio Rivera Moya / ECO – Educación y Comunicaciones

En los últimos días hemos visto como las redes sociales se han movilizado (en lo que se denomina ciberactivismo), en contra de Hidroaysen, en otro momento lo ha sido por el ocultamiento de información sobre la demanda mapuche, la termoeléctrica Barrancones, etc. ¿Cuánta de esa gente tras de un teclado, está dispuesta a salir a manifestarse en la calle?…, interesante pregunta, en el caso de Hidroaysen, no son pocas.

140 caracteres que tocan al poder

No hace mucho asistía a una conferencia en la cual se hacia un llamado a abandonar Facebook, por ser una plataforma del imperio y de los poderes hegemónicos, la idea era inventar una red nueva para quienes resistimos el modelo imperante. Loable iniciativa, no obstante, mientras nos ponemos de acuerdo y buscamos la forma de levantar un nuevo referente que haga lo mismo (como orkut de google). La realidad nos pasa por encima y los públicos concurren masivamente hacia lo que ya está en circulación.

En julio de 2006, un gringo llamado Jack Dorsey crea Twitter, la plataforma que está entre los top ten de los sitios más visitados del mundo.

¿Pero cuál es la real influencia de este recurso digital?, ni tanto ni tan poco. Efectivamente, y a pesar de la disminución paulatina de la brecha de acceso a internet, esta y otras herramientas web todavía podrían considerarse elitistas y excluyentes, ya por temas de conectividad, ya por la discriminación respecto a quienes son o no seguidos en los intercambios virtuales.

Y sin embargo, hay quienes sostienen que detrás de muchas de las movilizaciones “espontaneas” alrededor del planeta, configuradas con la técnica denominada “inteligencia de enjambre”  (disciplina que trata con sistemas naturales y artificiales compuestos de muchos individuos que se coordinan utilizando control descentralizado y auto-organización *), estarían las nuevas herramientas digitales de diálogo social.

Los celulares, los mensajes de texto, twitter, contribuyen a generar nuevas formas de movilización y de acción social, tal es su relevancia que en no pocas naciones se sanciona el uso de medios electrónicos para promover la “alteración del orden público”, es decir que si no toca, al menos asusta a quienes tienen el poder.

En el caso chileno, el que el Presidente del país se involucre en un conflicto medio ambiental, saltándose la institucionalidad, responde a un modo de gobernar con muchas características de “servicio al cliente”, es decir responder no a la demanda ciudadana sino al requerimiento del cliente (que siempre tiene la razón), reservando, eso sí, la prerrogativa de subirnos los gastos operacionales cuando lo estime pertinente (sonrisas y bellas palabras de por medio), pero con todo, aquí los 140 caracteres y los retwitt, hacen lo suyo.

Los nuevos formatos digitales se postulan como un horizonte abierto y sin limitaciones aparentes, resultan atractivamente más económicos que otras plataformas y parecieran haber dado con la democratización de la palabra.

No obstante, junto con los aludidos temas de conectividad, podemos visualizar otras nubes que ensombrecen el panorama o que al menos no lo dejan tan claro. La vertiginosidad de los cambios (en las tecnologías y en los temas), el exceso de información, la falta de rigurosidad en la validación de las fuentes, las falsas identidades detrás de los Nick, la facilidad para la propagación de rumores, ponen en tensión el valor informativo de estas plataformas y por ende la credibilidad por parte de las audiencias o las interlocuciones.

El desafío de los comunicadores y de sus procesos comunicativos en este minuto, está en resolver cómo somos capaces de coexistir con un pie en  el mundo real y otro en el mundo virtual. Por otra parte, con una multiplicidad tal de discursos en la Red ya no se hace tan claro lo de lo “alternativo” o lo contra informativo de nuestros quehaceres.

En rigor lo que existen, son flujos informativos de mayor o menor impacto, de mejor o menor factura, y ahí efectivamente podemos ser capaces de controlar las variables de una comunicación otra, orientada a la movilización, a la desconstrucción de los relatos hegemónicos, a la subversión de la realidad impuesta verticalmente por los medios y por procesos culturales y educativos centralizados.

La disputa entonces no está en los medios que somos capaces de levantar o de sostener, sino en los diálogos que podemos abrir en los territorios en los cuales nos toca construir, y para ello los medios, son una herramienta más entre otras. La respuesta dependerá de los modos de conversación, de las prácticas de interacción, de las identidades históricas de las comunidades.

La disputa no es mediática, es de sentidos, y ello requiere estrategias abiertas, sentido de oportunidad y mucha escucha.

Los periódicos del futuro estarán en los tablets, la televisión circulará por los celulares, el hackeo será otra herramienta de lucha, pero paralelamente, la comunicación otra en la que trabajamos, se seguirá gestando en la plaza, en la esquina del barrio, con vecinas  y vecinos en la calle…volver allí, sin perder de vista las nuevas plataformas, es una gran apuesta.

* Según Wiki

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