¡Intransigente tú!

Por editorial de El Reguleque (Folleto de circulación gratuita en la PUC)

Escuchamos acusaciones cruzadas de intransigencia. La acusación de intransigencia se podría leer como una demostración del poco interés en el diálogo con el otro. Si es una estrategia para correr la línea un poco más hacia el propio interés, lo está haciendo llevando el diálogo a la inexistencia.

¿Cómo se puede pretender que uno pueda dialogar con alguien que es intransigente?

El argumento de la intransigencia del otro debe ser superado cuando queremos llegar a acuerdos. No se puede buscar el encuentro de dos posturas cuando antes de iniciar el proceso para llegar a ello se define que el otro no está dispuesto a encontrarlo.

“Viejos pelados”, “jóvenes idealistas”, “cabros chicos”:

A todos no nos queda otra opción que dejar de lado el discurso de que los ultras de un lado y otro han tomado la discusión, y empezar a buscar los puntos de acuerdo. No por los intereses particulares de cada uno -probablemente el llegar a acuerdo no es lo óptimo para cada uno por separado- sino que por el bien de un colectivoque los trasciende y que es la motivación última que tienen al momento de enfrentarse.

Bienvenido el diálogo, pero el diálogo en serio. No el diálogo condicionado por una ley que penaliza expresiones de un movimiento ciudadano o donde los recursos disponibles ya fueron definidos. No el diálogo que busca desarmar absolutamente lo que el otro cree. No el diálogo condicionado por slogans intocables, por dogmas irrebatibles.

No el diálogo que se niega a sí mismo.

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